Un hotel donde Diana y Carla disfrutan de sus cuerpos

Llegaron por fin las ansiadas vacaciones de verano, y, Diana y Carla, acababan de llegar a Alicante, para pasar una fantástica semana allí.

-Habitación 209 – Les anunció la recepcionista con una cálida sonrisa.

Al subir por el ascensor, Carla susurró a su amiga:

-Está tremenda, ¿eh?

-No empieces otra vez. Hemos quedado que aquí, vamos a olvidarnos del sexo. De verdad… Es lo mejor.

Ambas amigas eran muy activas; llevaban todo un año practicando tríos, orgías, y un montón de cosas más, y, decidieron pasar unas vacaciones relajadas, lejos de todo aquello.

-Tienes razón. Perdona, es la costumbre.

Al entrar en la habitación quedaron maravilladas por todo lo que ofrecía; desde una sauna, hasta una televisión de plasma.

-Qué pasada de habitación.

-Y no sabes lo mejor, Carla. Podemos utilizar todo, sin gastos. Viene incluido en el precio.

Dejaron su equipaje, y comenzaron a planear el día. Decidieron que, por ser el primero, y dado que tenían más por delante, se relajarian en las instalaciones del hotel.

-Además tiene sauna privada. Pero podemos inspeccionar la pública. Allí, parece ser, que va todo el mundo – Dijo Carla.

-Ya se yo lo que quieres ver, guarrilla…

-Joder, Diana. Hemos venido a relajarnos, ¿no?

-Mira – Su amiga, puso los ojos en blanco – Ya sé por donde vas… Haz lo que quieras.

Diez minutos le bastaron a Carla, para acabar inspeccionando el hotel. Diana prefirió quedarse en la habitación.

Cuando puso un pie en la sauna, sus ojos se salieron de las órbitas, era espectacular. Colocó la toalla en un banco, y, decidida, entró en el agua. Cuándo notó las burbujas en su cuerpo, se relajó casi al instante.

Tenía los ojos cerrados, a punto de quedarse dormida, cuándo un ruido la despertó. Dos adolescentes, ambas con mas o menos su edad, entraron en el agua.

-Hola, buenas tardes – Saludó una de ellas.

Carla devolvió el saludo, y no pudo evitar quedarse mirando. Eran guapísimas las dos.

Terminaron colocándose delante de ella, y, entre confidencias, no paraban de mirarla. No sabía si estaba más nerviosa, o más expectante. De todos modos, ella tampoco podía quitarlas el ojo de encima, y menos, cuando comenzaron a besarse.

-Parece que le gusta – Escuchó.

-Vamos a hacer que disfrute más aún.

Una de ellas, le quitó la parte de arriba del bañador a su amiga, y comenzó a lamerle los pezones, lentamente, mientras, Carla comenzaba a notar un cosquilleo en su sexo.

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Mientras tanto, en la habitación 209, Diana hacía zapping aburrida.

«Creo que debí haber acompañado a Carla. La pobre no conoce a nadie, y, con lo vergonzosa que es…»

Alejó esos pensamientos de la cabeza, había pasado un buen rato, y Carla no daba señales de vida. Por lo que, supuso, que mal no lo debería estar pasando.

«Jo-der». Abrió los ojos como platos, al ir a parar a un canal pornográfico. Su mirada no se iba del televisor, mientras, sus pezones comenzaban a endurecerse, poco a poco, ante la escena que tenía delante: Dos mujeres, en un bosque, se lamían los cuerpos, para, acabar en medio del follaje, follándose.

«Ojalá fuésemos Carla y yo». Ante ese pensamiento, se quitó el bikini, y, sin quitar la vista de la pantalla, comenzó a meterse dos dedos en su sexo, que comenzaba a mojarse. En su cabeza, esas dos mujeres, eran Carla y ella, por lo que su excitación, iba en aumento.

«No sabes lo que te estás perdiendo, Carla», pensó con una sonrisa, mientras aceleraba su masturbación, hasta que, irremediablemente, empapó las sábanas.

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Carla no aguantó más, y se quitó la parte de arriba del bikini, mientras, ante sus ojos, las dos mujeres se lamían mutuamente. Ambas también estaban sin la parte de arriba del bikini. Comenzó a acariciarse los pezones, hasta que terminaron turgentes.

-¿Te gustaría unirte?

Carla no pudo más que asentir, y, autómata, se dirigió al borde de la pequeña piscina de la sauna, mientras, no quitaba ojo a lo que hacían las mujeres. Una yacía en el suelo, mientras, su amiga, comenzaba a lamer su sexo. Un gemido, sonó en la estancia. Se colocó, indecisa, al lado de las mujeres.

-Cómele el coño a Patricia – Pidió la chica que estaba en el suelo.

Carla, se colocó detrás de la otra mujer, y, llevó su lengua a su estrecha hendidura. Al rozarla, notó lo caliente y húmeda que estaba. Patricia, soltó un gran gemido.

-¿Lo chupa bien?

-Sí, Martha, lo hace de maravilla.

Patricia continuó lamiendo el coño de Martha, mientras, Carla, se masturbaba y no cesaba en su empeño. Se propuso hacer que Patricia se corriese en un corto periodo de tiempo; su mano, no dejaba de acariciar su mojado coño.

-Parad.

La orden de Martha, hizo que se detuviesen en seco.

-Tengo una idea.

Se colocó a cuatro patas, e instó a su chica que se colocase delante de ella.

-Ahora, tú, colócate delante de Patricia.

Así lo hizo, y, entre las tres, consiguieron hacer un trenecito. Cosa que excitó sobremanera a Carla.

La lengua de Patricia, hizo que se convulsionara, y apoyara la cara en el suelo. Mientras, no dejaba de gemir.

-Me corro. No puedo más.

-Hazlo en mi boca – suplicó Patricia.

Cuándo se corrió, y escuchó los jadeos de placer, de la mujer que tenía detrás, sus pezones se endurecieron más aún. Acabó en el suelo, extasiada.

-Vamos, amor mio, córrete para mi.

Desde el suelo, pudo ver como Patricia, expulsaba un chorro que empapaba la cara de Martha, que, orgullosa, sonrió a Carla.

-No has estado nada mal – Le dijo, entre gemidos.

Y, sin más palabras, las chicas, salieron de la estancia. Dejando a Carla sola, y aún excitada.

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Cuándo entró en la habitación, Diana salía de la ducha.

-Sí que has tardado. Ya creí que te habrías quedado dormida, allí abajo.

«Hubiese sido un pecado, dormirme.» – Pensó Carla.

-Es que, estaba tan a gusto, que he querido alargarlo un poco más – Dijo, sentándose en la cama – ¿te has aburrido mucho?

-No, Carla. Estuve viendo un rato la televisión.

Carla pensó que si Diana hubiese bajado con ella, el trío que acababa de hacer, quizás no hubiese ocurrido… ¿O si? Nunca lo sabría.

-Me sentí un poco culpable dejándote sola.

-No seas tonta. Al menos dime que has disfrutado.

«No lo sabes tú bien»

-Mucho… He conseguido relajarme un montón.

-Pues, si quieres, mañana bajamos juntas – Dijo Diana, besándola en la mejilla – No puedo pensar en lo que podrías haber hecho estando sola, zorrita. Estás demasiado buena. Y vete a saber la de salidos que puede haber por ahí.

Carla la sonrió.

«Salidos no… En este caso, salidas»

-Sí, claro. Mañana bajamos juntas.

Y, entrando en el cuarto de baño, rememoró lo que había pasado hacía tan solo unos minutos en la sauna con Patricia y Martha, e, introduciéndose en la bañera, sus dedos viajaron al sur, y comenzó a masturbarse.