Nuestro tercer aniversario lo festejamos de una forma única, me regalaron algo que me cambio la vida

-Cierra los ojos. Tengo una sorpresa para ti.

Estábamos desnudos en la cama, comiéndonos a besos. Era el día de nuestro tercer aniversario. Una cena romántica en el restaurante de moda de uno de los cocineros que hoy en día se prodigan por la tele, unas copas por el centro, y ahora en casa, entrando en calor.

Lo oí rebuscando en el armario unos instantes y regresó a mi lado. Un rápido movimiento y algo se deslizó por mi cabeza, hasta mi cuello. Abrí los ojos asustado, pero solo encontré oscuridad.

-¿Pero qué es esto?- Protesté

-Sssshhhhhh.

Deduje que era una especie de pasamontañas bastante grueso, por la nariz me costaba respirar, ya que no había abertura, pero la boca si estaba al descubierto. Lo oí manipular algo y de repente lo noté en mi cuello, algo que me presionaba, y que aseguró por la parte de atrás.

Eso empezaba a no gustarme. Hice amago de retirármelo mientras protestaba.

-¿Cari, que narices es est…?- Un bofetada me dejó paralizado.

-Estate quieto, y deja ese collar de perro donde está.

Estaba perplejo. Y volví a intentar quitármelo.

–Manuel esto no tiene ni p…-

Otro guantazo me hizo desistir de mi intento. ¿Qué coño estaba pasando? Manuel no era violento. Era la persona más buena que había conocido. Aquello no tenía ningún sentido.

-Disfruta de tu regalo de aniversario. Javi, he visto el historial de tu portátil. La verdad es que al principio me sorprendió el tipo de páginas que visitas, pero después de ver webs como tuamo, me ha quedado claro que eres más guarro de lo que imaginaba. Así que disfruta… o sufre. Y pobre de ti si a mí también me gusta tanto como espero, porque vas a convertirte en mi puto perro. A partir de ahora solo voy a hablar yo, y tú cuando te dé permiso. ¿Estás dispuesto a disfrutar de tu regalo? Si es así agacha la cabeza.

Agaché la cabeza sumisamente. Me había quedado en shock. Estaba seguro de que borraba mi historial y no dejaba rastro por si acaso. Llevo un tiempo que cada vez fantaseo más con la idea de verme humillado, rebajado, utilizado… pero me da mucha vergüenza confesárselo a Manuel. Un empujón me saco de mis pensamientos. Me puso a cuatro patas sobre la cama y volvió a trastear en el armario.

-Abre la boca.

Algo duro, frío y alargado se internó en mi boca.

-Empápalo bien de saliva. Este plug va directo a tu culo y tu saliva va a ser el único lubricante que tenga.

Lo ensalivé lo mejor que pude, y se lo llevo a las puertas de mi culo. Y tras un par de empujones entró entero. La verdad es que estaba muy cachondo con la idea de verme sometido. Tenía el rabo a reventar y el culo bastante abierto.

-Mira al cabronazo lo cachondo que está. Vaya manera de chorrearte el rabo. Ahora al suelo. Boca arriba.

Me tumbé expectante.

-Abre la boca.

Un lapo gordo y viscoso cayó sobre mi lengua. Joder eso no me lo esperaba, y me puso más cachondo aun. No puede evitarlo y me lo tragué relamiéndome, lo que hizo que Manuel rompiera a reír, mofándose de lo guarro que era. Tras el primero llegó una verdadera lluvia de lapos. Parecía que estuviera jugando a hacer diana en mi boca, y el cabrón tenía una puntería cojonuda. Tras los lapos un pie se posó sobre mi cara, mientras el otro descansaba sobre mi pecho. Empezó a presionar con sus dedos sobre mis labios, abriéndose camino. Deslizó su planta por mi boca, hasta que el talón reposó sobre mi boca, intentando colarse cada vez un poco más dentro. Finalmente unió el otro pie a la fiesta deslizándolos por mi pecho, mi cuello y boca.

-¡Lame perro! Lámele los pies a tu amo.

Estaba extasiado. Alguna vez en pleno calentón había bajado hasta sus pies, a lamerlos y disfrutar de ellos, pero no es algo que estuviera habitualmente en nuestras prácticas. Aquello era distinto. Era el quien controlaba. Quien me controlaba.

Retiró sus pies y lo oí moverse y sentí su calor. Se estaba sentando sobre mi cara. No necesité ninguna orden, porque cuando su culo llegó a mi boca ya tenía la lengua fuera preparada para hacer la mejor comida de culo que le había hecho nunca. Lo oía gemir, y eso me ponía aún más cachondo. Le estaba dando placer a mi macho. El olor ácido y salado de su culo me volvía loco y poco a poco se iba impregnando en el pasamontañas, asegurándome que todo el rato que aquello durada iba a tener ese maravilloso olor conmigo.

-Coge aire.

Obedecí y Manuel se sentó sobre mi cara, dejando caer todo su peso sobre mí. Aquello era muy morboso. Estaba controlando mi respiración con el peso de su cuerpo, con su culo sobre mi cara. Pasaron los segundos, diez, veinte, treinta, cuarenta, el pecho empezaba arderme, 1 minuto. Comencé agitarme intranquilo, necesitaba respirar, pero Manuel mucho más fuerte que yo estaba inmóvil sobre mí. Me estaba asfixiando, y no tiene otra idea que empezar a pajearme. Me ahogo. 10 segundos más. Pataleo desesperado y de repente… el mayor orgasmo de mi vida. Me corro como nunca lo había hecho, mientras Manuel se levanta de mi cara. Respiro desesperadamente, mientras mi cuerpo sigue convulsionando de la mejor corrida que había tenido nunca. Poco a poco va calmándose la respiración, mientras Manuel, desliza su pie por mi abdomen, recogiendo toda mi corrida, y depositándola en mi boca. Lamo con ansia hasta que queda bien limpio. Un súbito tirón del collar, me incorporó y me obliga a arrodillarme.

-Voy a meterte la polla en la boca, pero no quiero que chupes, solo quiero que la dejes ahí y tragues.

¿Qué trague? Un chorro salado salió del rabo de Manuel inundando mi boca. Me pilló por sorpresa, y retiré mi cabeza, dejando que su orina se derramara. Un tortazo me hizo derramar el poco líquido que me quedaba en la boca.

-¡Serás desgraciado! ¿Así tratas a mis meados? Quiero que lo tragues todo, ¿me has oído? Todo.

Volvió a meterme la polla en la boca y descargó su meado que fui tragando como pude, intentando que no se derramara ni una sola gota. Me sentía sucio, humillado, y mientras tanto mi polla estaba a punto de estallar otra vez. No habían acabado de salir las últimas gotas cuando haciendo fuerza sobre mi cabeza, hizo que me tragara toda su polla, hasta el fondo. Me agarró de las orejas y empezó mover mi cabeza a su antojo, haciéndome tragar polla. Era solo una boca, un agujero para su placer. Me tumbó en la cama, boca arriba, con la cabeza colgando y empezó a follarme la garganta. Me volvía loco sentir su rabo entrando y saliendo, haciéndose sitio en mi garganta, amoldándose a su forma. No sé cuánto tiempo estuvo follándome la garganta, pero de repente se fue y lo volví a oír trasteando en el armario. Oí una bolsa de plástico abrirse junto a mí, metió la mano por debajo del pasamontañas y dejó algo encajado sobre mi nariz… aspire y aquello apestaba.

-He visto la cantidad de perfiles de Tumblr que sigues sobre calcetines, así que he conseguido este regalo especial para ti. Son unos calcetos asquerosos que le compré a un tío alemán por Ebay, le conté un poco lo que planeaba y le pedí que se los currara un poco. Me dijo que no iban a defraudarte. La verdad es que el tío era un cerdo. Si vieras el tono que tienen, diría que le vas sacar bien el jugo al alemán.

Aquello apestaba de verdad, pero lo peor vino cuando abrió mi boca y deslizó el otro calceto dentro, dejándolo allí. El sabor era realmente intenso, indescriptible. Manuel se puso entre mis piernas, sacó el plug de un tirón seco, un escupitajo, y tenía su rabo en el fondo de mi culo antes de que me diese cuenta. Me sentía emputecido. Follado por mi novio, por mi amo, empapado de sus lapos, con el olor de su orina sobre mí, y con los calcetines de un desconocido, al que le apestan los pies, dificultándome respirar. Aquello era el sumun.

Me puso boca abajo y empezó a taladrarme el culo, con furia, lo oía gemir a mi espalda, mientras me mordía la espalda. Su respiración se aceleró y aumentando aún más las embestidas empezó aullar mientras inundaba mi culo de leche. No pude evitarlo, estaba tan caliente, que cuando oí sus aullidos empecé a correrme por segunda vez sin ni siquiera tocarme. Mientras se derrumbaba, dejando su peso muerto sobre mí.

-Joder Javi, que polvazo. Ahora límpiame el rabo que no me apetece ducharme- Me dijo mientras sacaba el calcetín de mi boca. Palpé hasta hallar su rabo y me la comí con ansia, dejándola reluciente, disfrutando del sabor de su leche y de mi culo juntos.

Un tirón del pasamontañas me devolvió a la realidad de la habitación, apenas podía mantener los ojos abiertos por la claridad.

-Anda, puta mía, vete a la ducha que estás hecho unos zorros.

Cuando volví a la habitación retiré el nórdico, con la intención de acurrucarme a su lado.

-¿Dónde coño vas? ¡Vete a dormir al sofá perro! Esta noche quiero dormir. Me partió el corazón no poder abrazar a mi novio en la noche de nuestro aniversario, pero sabía que esa noche el sofá era mi sitio.

-Por cierto- Le oí decir cuando salía de la habitación- He tomado una decisión. A partir de ahora, cuando veamos una peli en casa, vas a ser mi urinario, te vas a encargar de ir a mear por mí. Descargaré en tu boca y ya mearas por los dos. ¡Ah! Y ya me puedes ir pasando el contacto de algún amo con los que te hablas, quiero organizar una sesión conjunta y empezar a aprender a tratarte como te mereces.