Mis fantasías más morbosas con mi padre como protagonista

Era bastante joven en ese entonces. Mi vientre estaba creciendo debido al fruto de la pasión irresponsable de hacía unos meses y me encontraba muy estresada por mi próxima entrada a la universidad. Hacía los últimos deberes correspondientes de la escuela cuando mi padre llegó. Estaba cansado, devastado y lo primero que hizo fue lanzarse al sillón para descansar. Me le acerqué y empecé a darle un masaje en los hombros.

¿Todo bien? – le pregunté.

Los ingenieros son cada vez más estúpidos – respondió. – No sé qué les enseñan en la carrera. Me tienen explicandoles cómo hacer su trabajo.

ya, ya. Permite que te ayude a relajarte.

Seguí con las caricias hasta que decidí ir a sentarme con él y prendí la tele. Estaba cambiando los canales cuando empecé a desabrocharle el pantalón.

No llevo ni diez minutos en la casa y ya quieres coger.

shhh. no te preocupes. Sólo relájate.

Su verga no estaba completamente erecta cuando la tuve en mis manos. Me incliné tanto cómo fue posible y me la llevé a la boca. Empezó a crecer.

Sí que sabes cómo relajar a un hombre. – dijo.

lamía su verga con cuidado, con lamidas largas, lentas y constantes. No me la metía completa, pero sí lo suficiente como jalar su prepucio en un punto que podía darle placer. Iba de arriba a abajo saboreando la verga de mi vida, la que permitió que mi madre me diera a luz nueve meses después. Había algunos rastros de sudor, sabía salado y su aroma… uy, su aroma. Hacía que bajara más hasta quedar casi hasta sus huevos (los cuales empecé a acariciar también).

Me levanté. Llevaba un pequeño short de mezclilla y una camiseta vieja. Mi vientre se notaba a la perfección, aún sin estar completamente formado. Al bajar del sofá y caminar hacia el frente de él, fue como una pequeña pasarela en la que le mostré mi bella silueta; mi culo firme, mis piernas torneadas, mis tetas cada vez más grandes y mi panza producto de su lujuria. Me arrodillé frente a él, entre sus piernas y comencé a chupar su verga una vez más. Ahora estaba más dura, firme como garrote. Puso sus manos en mi cabeza y empezó a empujarme cada vez más.

Mis ganas de darle placer eran superiores a las de vomitar, así que logré resistir el impulso que sentí al tener su miembro tan adentro, hasta la garganta. Me empujaba para llegar más profundo. Tomaba mechones para jalarme de arriba a abajo y me daban muchas ganas de sentir su querida leche en mi boca. Cada vez lo hacía con más fuerza, con mayor velocidad y yo sólo podía sentirme bien al ser usada.

Entonces se detuvo. Jaló mi cabello pasa levantar mi cabeza y ver mis ojos enrojecidos y mi respiración alterada. Le sonreí.

Creí que no querías – le dije.

Pues tu eres increible.

Me hizo levantarme y me hizo dar vuelta. Me quitó mis shorts y las bragas de un sólo movimiento y jaló mi trasero hacia él. Me hizo bajar. Yo sabía qué hacer en esas situaciones. Tomé su verga y la alinee hacia mi pequeña cuevita. Me molestaba el sonido de la televisión, pero cuando entró su verga dejé de escucharla. Se abrió paso dentro de mí y sentí como si llegara hasta el fondo. Temí por mi bebé, pero algo tan rico no podía hacerle daño. igual me toqué la panza. Empecé a subir y bajar y él me la trataba de insertar con fuerza también. Me tocaba las bubis, me las presionaba para que me saliera leche. Me encantaba que hiciera eso. Eran pequeños chorritos, algunas gotitas, per me hacían sentir sucia. Era como gritar “mirenme, estoy lactando porque alguien me metió su verga”, pero la mejor parte era que mi padre era el culpable de esa condición.

papi, con cuidado… el bebé.

Me imaginaba que era una niña (y lo fue), pero albergaba la esperanza de que fuese un niño y que al crecer, también me cogiera en la sala como estaba en ese momento. Imaginaba su verga joven, con sus venas y pelos similares a los de su padre. Su padre que también era mi padre. Quería decirle que de tal palo tal astilla. Quería decirle que yo, por llevarlo nueve meses y arriesgar mis estudios por él, me debía compensar cogiendome todos los días y devolviendome el semen yo había contribuido en crear.

Imaginaba que me ponía en cuatro y que por la boca recibía la gran poronga de mi padre y por la vagina, la de mi hijo. Me mojaba todo el día pensando en ello. Me masturbaba siempre y trataba de meterme lo que tuviese cerca para compensar la ausencia de la verga progenitora.

Entonces mi papi me dijo:

¿crees que sea niño o niña?

Y de nuevo fantaseé, pero esta vez con una joven de tetas pequeñas y respingonas, de culo firme y piernas largas. Era una figura delicada con cabello café oscuro. La vi de rodillas y con la verga de su padre en la boca mientras yo lo besaba a él. Los vi cogiendo de perrito y a mí absorbiendo la leche que escurriese de su coño. Nos las dos inclinadas sobre la mesa, con el culo ofrecido hacia nuestro padre. La veía como una versión mía más… (cómo decirlo) más delicada, pero a la vez cómo una criatura deseosa de sexo. Enamorada del coño del que salió y de la verga que le dio la vida.

Mis fantasías fueron ayudadas por mi padre al tocar mi panza con una mano y con la otra buscar mi clítoris. Cada sentón era una estimulación nueva y yo ya estaba sintiendo mi orgasmo llegar.

Imaginé a mi hija entre mis piernas mientras mi papá me cogiese en esa misma posición. La imaginé lamiendo mi vulva con la verga de nuestro papi entrando y embistiendome. Imaginé su mirada llena de deseo y morbo. Con sus manos en mi vientre, también embarazado. Por un momento pensé en si ella también estaría embarazada. ¿permitiría que mi papi embarazara también a nuestra hija? ¿Sería capaz de permitir que la leche que tanto adoraba fuera usada con alguien más? ¿Habría riesgos al ser más de una generación incestuosa?

Esas preguntas sólo me provocaron más excitación. Crecía con fuerza. Quería gritar, pero me fue imposible. Apenas y podía respirar. Se curvó la espalda mientras ponía los ojos en blanco y mis tetas empezaron a sacar leche. Fue una explosión en todos sentidos porque también hubo un pequeño chorro saliendo de mi coño. Mi padre se vino adentro de mí mientras gritaba “te amo, pequeña”.

Yo sólo pensaba “es la leche de mi papi” “damela, damela toda”.

finalmente los dos gritamos. Fue un sonido salvaje, impactante, completamente natural.

Sentía que escurría una gran cantidad de fluidos por mis piernas y traté de levantarme. Me temblaban como venado recién nacido. Pude hacer el esfuerzo suficiente para sentarme junto al sudado sillón. Jadeamos con fuerza, como si acabasemos de correr un frenetica carrera.

Miré a mi padre. Se veía más relajado a pesar de su respiración rápida y el sudor en su rostro. Me volví a inclinar sobre él me llevé su verga a la boca una vez más. Quería sentir nuestros sabores combinados, pero sobre todo, quería su leche para nutrir al producto de tal conducta incestiosa.

¿entonces, preciosa? ¿Qué crees que sea?

No lo sé, pero sé que seremos unos padres geniales. – y volví a chupársela.

Es que quisiera saber si haremos esto con él o ella… cuando crezca, claro. Y si quiere.

Me la volví a sacar de la boca.

Si sale como yo, entonces se volverá a adicta a su padre – lo empecé a masturbar. él cerraba los ojos.

Es que… no sé… estaría rico que se nos uniera. Si es niña, quisiera que te la chupara mientras le doy con fuerza.

Pero tu leche es mía, papi. La quiero sólo para mí.

jaja, claro. Te doy toda la que quieras. Pero, ¿no quisiera lamerla de su puchita?

Claro que sí, es sólo que me pondría celosa.

Seguí mamándosela. No me detuve por nada. Sus fantasías eran las mismas que las mías y eso me excitaba bastante. Imaginaba hermosas criaturas ayudando a mi padre a darme placer, a veces más de uno. Pensaba en cómo más de una verga me llenaría la cara de semen y también en cómo una hermosa mujer se volvería loca al tratar de decidir quién le daba más placer, mi coño o la verga de padre.

Entonces me imaginé a mí misma un poco mayor, de unos cuarenta más o menos. Todo una milf, con hermosos pechos y un culo perfecto, caminando desnuda hacia mi padre cogiendose a una chica igual a mí a los veinte y con la verga de un joven similar a mi padre en la boca. Tenía de nuevo una barriga grande, pero esta vez debido al esperma de mi hijo.

Llegando de esa manera, lo besaría mientras mi imaginaria hija luchaba por concentrarse lo suficiente para meterme un par de dedos en el coño que le dio la vida.

De nuevo en la realidad, mi papi gimió con fuerza y su leche entró en mi boca.

Ese ha sido el relato de hoy. Quise contar esta pequeña anecdota porque algunos me han preguntado por cómo lo hacía con mi padre durante el embarazo. Casi siempre estaba llena de fantasías que luego nos hicieron sentir un poco culpables. Había mucho morbo y las hormonas me convirtieron en una adicta a la masturbación y al sexo constante. Casi en todo momento quería algo dentro de mí o estimulando mi clitoris. Y pensar que mi padre llegaría en cualquier momento alimentaba esas mismas ganas

Como sea, me despido por ahora. Espero publicar otro relato pronto.