Mi hermana menor y su diario íntimo, una chica bastante cachonda

Hoy voy a relatar en sa versión original, un texto que acabo de leer y que me ha dejado boca abierta. Mi hermana pequeña acaba de enseñarme las últimas páginas de su diario, que en sí es muy sorprendente, nunca he leído ni una frase de su diario. ¿Por qué? No lo sé exactamente, quizás por picardía para que sepas que ellos también un día han faltado a sus principios y a lo visto fue la única vez en 20 años de vida en pareja. O para revivir conmigo un momento mágico de su vida. Ella y su marido viven desde el día que se conocen muy liados el uno al otro y solo el uno al otro y desde que tienen sus dos hijos casi viven evolucionando entorno a los dos pequeños y parecen muy felices así. No comparten la vida liberal que llevamos Stone y Yo, lo que no impide una buena relación familiar cada uno llevando la vida que le apetece. Mi hermana me ha dado la autorización de publicar este relato sabiendo que nadie la relacionara con lo ocurrido, yo no firmo con mi nombre real y esta convencida que nunca su marido entrara en una página Web de relatos eróticos. Entonces vamos al grano, estoy entusiasmada y excitada:

Mi hermana escribe en su diario:

Hoy, 12 de septiembre de 2010, voy a escribir en mi diario, que mantengo al día desde mis nueve años, lo que paso durante mi viaje de novios. Voy a relatar este episodio de mi vida y la de mi joven esposo. Sin ninguna duda fue una experiencia maravillosa e inolvidable. ¿Ahora tengo vergüenza de lo ocurrido? ¡Sí! Sin ninguna duda. Pero…¿tengo remordimientos? ¡No! Sin ninguna duda. Lo que voy a escribir cerrara una época de mi vida de niña y adolecente timada y será lo último que escribiré en este diario. Hoy tengo 29 años y estoy casada con mi mejor amigo. Vivimos juntos desde exactamente el 22 de agosto de 2006 cuando decidimos después de casi un año de ligue de alquilar un piso para compartirlo juntos, tenía 18 y el 22. En julio de este año nos hemos casado y hemos ido de viaje de novios a Punta Cana. Diez días en un lugar paradisiaco, todo incluido con un espacio maldito o más bien maravilloso según como lo recordamos, la discoteca al aire libre donde cada noche bebemos y bailamos descalzos pisando la arena blanca y todavía caliente del sol del día.

La penúltima noche antes de nuestro regreso a España, es noche baile latino en la discoteca de la playa con clases gratis. A las diez estamos un grupo de 11 personas esperando los órdenes de una encantadora pareja mestiza, rozando los 20 años de edad, los dos con pelo moreno largo y coleta. Ella más bien pequeña, piel caramelo, delgada con una gran mirada chispeante, parece una muñeca, una bellísima muñeca. El cerca del metro ochenta, es todo fibra con cara de ángel y ojos azul celeste. Una hora después, un poco mejor bailarines gracias a esta clase magistral, nos tomamos todos juntos el mojito de la amistad y nos sentamos Nico y Yo, antes de que se llene la discoteca, en un sitio más intimo para pasar la penúltima noche en enamorados alejados de las amistades que han surgido a lo largo de estos maravillosos días.

Hemos pedido una botella de champán que tenemos ya media vacía. Precisamente a la una y veinte de la mañana, acabo de mirar la hora y de decir a Nico que nos queda una larga noche por delante, Bartolome viene a invitarme a bailar pidiendo permiso a mi marido, el cual por supuesto me deja libre de tomar mi propia decisión. Con mucho gusto lo sigo hacia la pista de baile y desde el primer segundo me siento como una hada volando a su alrededor, es un gran bailador y me hace sentir como una gran bailarina de salsa. Sus manos juegan con mi cuerpo como si fuera una delicada burbuja de jabón, tocándome lo justo para guiarme y hacer que tenga la piel de gallina. La música cambia a una bachata y naturalmente seguimos el nuevo ritmo. Cerca el uno del otro, Bartolome me dice con una sonrisa que me deja como una boba bebiendo sus palabras:

– Tienes un don para los bailes latinos, eres sensual, te mueves como una pluma, es un placer guiarte, estoy hechizado

Madre mia, eso suena a cumplido y un poco más

– Gracias, le contesto, pero eres un maestro y lo haces muy fácil

Él nota mi flojedad y presiona mi cuerpo contra el suyo, su mano derecha se coloca bien firme en la base de mi espalda, sobre mi piel empapada.

Esta noche llevo un conjunto blanco, camiseta ancha corta con la inscripción “PARIS MON AMOUR” y una mini falda estilo tenis, cómoda y muy ligera. Bajo ella llevo un tanga blanco también.

Me susurra a la oreja:

– Ana eres preciosa y encantadora

Por suerte la música cambia de ritmo y lo dejo despidiéndome con una tímida sonrisa

Vuelvo hacia los sofás donde me espera Nico y me dejo caer a su lado. Me mira y me dice:

– ¿Estás bien?

– ¡Siiii! rellena mi copa por favor

Brindamos, bebo la mía de un trago

– Tú tienes algo que contarme, me dice frunciendo el ceño

– No sé, creo que tendríamos que irnos por acabar la noche en un lugar más tranquillo

– ¿Y eso? No has dicho que querías bailar toda la noche. ¡Dime! ¿Qué pasa?

– Es Bartolome, me ha dicho que soy preciosa

– ¡Jajaja! ¿Y no vas a presumir que un guapo joven te lo diga?

– Por supuesto que sí, pero creo que me tira los tejos

– ¿Y eso no te gusta?

Lo miro a los ojos y con aire de pena le contesto:

– El problema es que si, me gusta

– ¡No me digas! ¿Estas excitada?

Lo miro con una sonrisa torcida…

– No contestas, entonces es eso este joven te excita

Mientras rellena las copas está pensando:

– La verdad es que no me disgusta verte así. Estamos lejos de casa, no conocemos a nadie, quiero decir que pasado mañana nos vamos y no volveremos a ver a nadie de por aquí. Te propongo algo, puedes seguir este juego un poco más hasta que decides pararlo y nos iremos, ¿Qué te parece?

Me quedo un poco impactada y pensativa por la propuesta de Nico:

– ¿Estás seguro de lo que dices?

– Creo que sí, siempre estamos a tiempo de irnos

– ¡Vale! Me sorprende contestar brindando con él como para desafiarle porque creo que es él que decidirá irse el primero

Al instante se presenta Bartolome:

– Con permiso… ¿bailamos? Pregunta con su juvenil sonrisa

Creo que mi marido me mira con media sonrisa, esquivo su mirada, me siento avergonzada por aceptar bailar con un chico que me tira los tejos pero como una autómata con el corazón palpitando a mil por hora lo sigo hacia la pista. Entro en sus brazos y bailamos dos salsa maravillosas, sus manos rozan mi cuerpo como velos de seda, en cada movimiento me envuelve un poco más en el paquete que sin duda se quiere llevar. Su mirada es directa, profunda, penetrándome como rayos en noches de tormenta. Sigue una Kizumba, en un par de pasos me voltea, su pecho guía mi espalda al ritmo de la música, su mano derecha se coloca sobre mi vientre piel contra piel, pongo una mano encima para detenerla cuando finge deslizarse hacia mi busto, pero es pena perdida, ya no tengo la mas mínima voluntad, dejo caer mis brazos a lo largo de mi cuerpo dejándole libre de aprovechar el momento, lo que hace enseguida pasando sus dos brazos bajo los míos y sus manos bajo mi camisa hasta empalmar mis tetas. Me estremezco, sus dedos pellizcan mis pezones, tiemblo, gimo, me besa la nuca, estoy ardiendo, su mano derecha pasa sobre mi vientre y se abre paso entre mi falda y mi piel para rozar mi sexo cuando la música cambia de ritmo para una salsa rápida. Como si me despertaba le quito las manos y dándome la vuelta le doy un beso fugaz sobre sus labios y me voy un poco aturdida hacia Nico.

Cuando lo veo me pongo roja de vergüenza, me siento a su lado, enseguida me tiende una copa, ha empezado la tercera botella de champán:

– ¿Cómo estás? Me pregunta

Bebo un trago:

– ¿Has visto algo?

– Nada de especial, hay tanta gente bailando ¿por?

– Cariño creo que vas a querer irte y estaré de acuerdo, le digo con ojos triste

– ¿Has tenido un disgusto?

– ¡No! no exactamente

– Pues explícame y luego decidimos

Lo miro a los ojos y le digo:

– Me ha acariciado las tetas

– ¡Ahhh! Me contesta frunciendo el ceño mientras bebe un poco de champán

– ¿Estas enfadado? Pregunto apenada

– No sé cariño, no sé que decir

– Pero no puedo ir más lejos, no sería correcto

– La verdad es que no soy disgustado, te quiero y verte así… pareces una quinceañera en su primera cita, me excita bastante. Quizás hoy podemos olvidar lo correcto para hacer una locura

– Lo escucho asombrada, no sé si esta bromeando o si es lo que parece…esta excitado de verdad…

Me sonríe:

– Te quiero amor

– Y yo a ti

– ¿Entonces brindamos a las locuras y seguimos un poco más?

Me acerco de su oreja y le susurro unas palabras que nunca habría podido imaginar decirle:

– Estoy muy mojada

Me pasa una mano entre las piernas y toca la telita de mi tanga empapada

– Madre mía es él que te hace este efecto y quieres irte

Sigo susurrando a su oreja:

– No tengo ninguna gana de irme pero si bailo otra vez con él no sé lo que puede pasar

El me contesta de la misma manera susurrando a mi oreja:

– Te quiero amor mío, quizás es el momento perfecto para una locura, nunca volverás a ver a este chico… si quieres seguir un poquito más estoy contigo

Le muerdo la oreja chupándola, puede ser de alegría, de miedo o porque estoy casada con el mejor hombre del mundo. Tiendo mi vaso para que brinde conmigo:

– Al amor de mi vida

– A ti mi amor

Me pego a él y le doy el beso más fogoso que pueda. Lo miro con picardía:

– ¿Voy a bailar?

– Vale pero no te pases, un poco más y nos vamos, te quiero

Me acerco de la pista de baile y empiezo a moverme buscando con la mirada a Bartolome, estoy mareada y muy excitada, no sé lo que me ha dicho Nico cuando me iba, con el ruido no lo he oído. Veo el chico guapo a la barra, me mira, lo miro, se levanta y lentamente se acerca, casualidad tocan una bachata, de un movimiento rápido y seguro me coge por las caderas y me acerca hacia él pasando como por magia sus manos bajo mi falda. Ni siquiera he tenido tiempo de hacer “uf” sus manos empalman mis nalgas, me quedo desconcertada sin reacción. Sin pedirme permiso mi cerebro ordena a mis brazos enredarse alrededor de su cuello y a mis ojos de cerrarse. Parece que no quiere hacerse sorprender para otro cambio de ritmo como al primer baile y enseguida pasa una mano bajo el hilo que mantiene mi tanga para deslizar sus dedos entre mis nalgas. Estoy muy enfadada contra mí misma, mi subconsciente me trata de puta, de rastrera, me exige parar esa vergüenza ahora mismo, pero cuando llega encima mi ano me estremezco, subo al cielo entre las nubes de algodón, aprieto mis uñas en su nuca y el demonio que tenia dormido en mi mente manda mi subconsciente en un calabozo de donde no podre oírlo, mientras Bartolome sigue bajando hasta cubrir mi sexo con la palma de la mano. Bailamos un momento así hasta que la misma mano abandone un instante mi sexo para pasar entre mis piernas, dentro del tanga y volver a empalmar mi triangulo de venus penetrándome con un par de dedos. Ya casi no aguanto de pie siento llegar un orgasmo gigantesco. Nos besamos, tiemblo de los pies a la cabeza, pero antes del gran momento retira sus manos y me dice:

– Te espero a la orilla de la playa, donde hay la tumbonas

Y sin más se va y me deja plantada e híper excitada. Me quedo un par de segundos en medio de los bailarines, en choc. Tengo que ver a Nico. Cuando llego hacia él se levanta y viene para cogerme por los hombros:

– ¿Qué te pasa cariño pareces en choc?

Pongo la cabeza sobre su pecho y le digo sin más:

– Me espera a donde están las tumbonas de la playa

– ¿Cómo? ¿Quién?

– Bartolome

– Madre mía, ¿que ha pasado?

Nos sentamos, bebo un trago y le cuento todo

– Mierda, ¿y si te pregunto porque quieres que vaya?

– Para follarme, es evidente, contesto más convicción que tengo en realidad

– ¡Lo suponía! la madre que lo pario, y veo que lo has asimilado. ¿Quieres ir?

– ¡Sí! Pero tengo miedo

– Eso es un problema, entonces no vas a ir

– Cariño me gustaría ir o no, no sé quiero… creo que quiero hacerlo

– Bueno eso está hecho podemos ir en otro sitio de la playa y te hago el amor

– Por serte sincera, he ido demasiado lejos para hacer marcha atrás, no podría ser primero con él y después contigo ¡ohhh! Perdona, le digo la mano tapando mi boca – estoy aturdida, no sé lo que digo, el champán y la excitación no son buenos consejeros, acabo sin bajar la mirada

– Y me dices eso mirándome a los ojos, Madre mía, cierto que el champán te sienta mal

– ¡Por fa cariño! lo imploro totalmente fuera de control, con un brutal deseo de caer en los brazos de Bartolome

– ¡Qué fuerte! déjame pensar, es que el juego se pone muy atrevido y no sé si al final estamos preparados

– Cariño, tú mismo me has animado y podrías vigilarme

– ¿Cómo?

– Te sientas a una de las mesas que dan del lado de la tumbonas y me vigilas

– Como puedes pensar eso, tendré que verle follarte

– No creo que es un psicópata, es muy atento y tierno pero me sentiré más tranquilla si vigilas

– Te das cuenta de lo que me pides, creo que no, además esta noche es luna llena, cualquiera podría veros

Sin prestar atención a sus palabras le pongo la mano entre sus piernas:

– Te prometo que después no te arrepentirás

– Estoy alucinando. Joder…todo eso es por mi culpa, abríamos tenido que irnos desde el principio ¡¡¡ joder!!! Todo te da igual…anda, vete, espero que no hacemos una locura irreversible

No espero que me lo digas dos veces, me doy la vuelta y voy andando descalza sobre la arena caliente, no muy recto pero voy en la buena dirección. Llego hacia las tumbonas, alejándome de la música puedo oir el ruido del mar, veo a Bartolome acostado, cuando me oye llegar se levanta. Esta desnudo, guapo como un gladiador antes de entrar en el Coliseo, su melena cae sobre sus hombros, tiene un pelo liso, precioso, no consigo apartar mi mirada de su cuerpo perfecto, resplandeciente bajo la luz de la luna, su erección se mantiene casi a la vertical, tengo una vergonzosa gana de chuparla. De repente, sus manos cogen los lados de mi camisa, saliendo de mi entorpecimiento levanto los brazos, me la quita y la tira encima de una tumbona, luego baja la cremallera de mi falda y la manda al lado de la camisa, coge mi tanga y arrodillándose me lo pasa por los pies y lo tira con el resto de mi ropa. Su boca esta delante mi sexo, pone sus manos encima mis nalgas y me empuja hacia su boca para besar mi monte de Venus. Miro en dirección de Nico lo veo mirando hacia mí, no creo que distingue bien a esta distancia a pesar de la luminosidad de la luna. Cierro los ojos, siento la lengua explorar mi sexo, cuando se para encima mi clítoris y lo titilla le aprieto la cabeza con las manos enrolladas en su melena, me estoy desrizando de placer, su lengua me da descargas electro-sensuales que me hacen temblar de los pies a la cabeza , es excepcional, abro los ojos, veo a Nico, quizás me ve, y otros también pero todo me da igual, he entrado en un reino desconocido donde lo único que me importa es el placer que me come por dentro. Sigue penetrándome con la lengua mientras acaricia mi ano, entrando suavemente un dedo en el. Me pongo a llorar, no puedo contener mis gemidos que van creciendo, menos mal que la música los cubre a los oídos de Nico. Cuando me nota llegar al clímax, se levanta para lamerme primero los senos, después los labios, los abro y nos besamos con furia. Pongo una mano encima su pene, esta duro y suave, lo masturbo, me pongo de rodilla y suavemente lo beso y lo chupo. Miro en dirección de Nico, me está viendo, un poco de semen se escapa de la punta de mi amante, me encanta su sabor, ahora es él que suspira de placer, acaricio sus piernas, sus nalgas, son duras como la roca y suaves como la seda, es como si me masturbaba a mí misma, estoy temblando de excitación, empalmo sus testículos, su erección late en mi boca, la enredo con la lengua, la noto a punto de estallar, late como un volcán antes de una erupción, justo antes de llenar mi boca me coge por las axilas, me levanta, se acosta encima una tumbona, me posiciona sobre él y guía su pene entre mis piernas para penetrarme. Cuando lo noto en mi, tengo que respirar hondo para tranquilizarme. Abro los ojos, Nico no se ha movido, creo que me ve perfectamente, no me afecta, estoy loca y híper excitada, Bartolome presiona mis tetas, mis pezones, no sé si estoy alucinando o si es real, pero nada ni nadie podría pararme, es la mejor locura de mi vida. Bartolome pone sus manos sobre mis nalgas, acelera el movimiento, ya es insostenible, gritamos, llegamos al climax juntos, me aprieta el culo con toda su fuerza, le clavo mis uñas en su pecho hasta que toda mi energía me abandone, me tumbo sobre él, nos besamos con las últimas contracciones, fue divino…