Me encanta los juegos picantes que estoy viviendo con estos tíos

Volví a encontrarme al japonés al día siguiente, pero había mas público y apenas hablamos, sin embargo, a la hora de cenar se acercó a mi mesa para invitarme después a tomar algo en la cafetería del hotel.

Estaba sentado en una mesa con otro hombre, también japonés, cuando les vi al fondo, y le pedí permiso para sentarme a su lado.

Me presentó a su compañero de trabajo, y de habitación por lo visto, y tomamos una copa mientras comentábamos cosas de nuestras ocupaciones por estos sitios fuera de casa.

En un momento me preguntaron si me gustaba el sake. Nunca lo había probado, así que me invitaron a su habitación, donde tenían una botella del mejor sake del mundo. Bueno… creo que su intención después de lo de ayer estaba muy clara, así que me hice el inocente interesado por la bebida y subí con ellos, a sabiendas del juego que en realidad pretendían.

Y así fue, porque después de dos vasitos del licor más fuerte que había probado en mi vida, me dijeron que el ritual era muy importante y que debíamos observarlo, por eso de la tradición y tal, y empezaron a desnudarse con toda tranquilidad, haciéndome señas de que les imitase.

Yo había ido allí a jugar así que no me hice de rogar. Unas vez desnudos los tres, nos pusimos una especie de taparrabos y nos sentamos en cuclillas en el suelo. En dos copitas mas todos nos empezamos a tocar, mientras hablábamos, y me di cuenta de que pretendían emborracharme, porque una ya me pareció excesiva, y a pesar de que yo aguanto bien el alcohol, notaba la mirada ya algo extraviada y la verdad es que no quería estar inconsciente y perderme toda la juerga.

Simulé estar más bebido de lo que en realidad estaba y no acepté mas, dejándome caer sobre las piernas de uno de ellos, riendo como un tonto. Así, tumbado entre los dos, no tardaron en empezar a trabajarme a su gusto. Mi cuerpo era acariciado por todas partes, como un masaje integral, me besaban el cuerpo chupando aquí y allá, y cuando sentí una polla cerca de mi cara, intenté acercarme a ella, para sentir la suavidad del capullo y su calor.

Cuando el dueño de esa preciosa herramienta se dio cuenta, empezó a restregármela por la cara, la notaba sobre los ojos, la olía cuando se acercaba a mi nariz, y sobre mis labios, juguetona. Seguía algo mareado, y lamentaba haber bebido más de lo que pensaba, porque me estaba perdiendo muchas de las sensaciones que su contacto me producían, pero aún así, mi mente recibía toda clase de estímulos nuevos, de placer desconocido, de sentirse a voluntad de otras personas.

Porque me sentía en realidad como su juguete, me estaban usando para su placer, y eso era precisamente lo que me daba placer a mí, ser su objeto sexual, dejarme hacer.

Noté otra vez una polla en mi cara y la metí en mi boca cuando se acercó mas. Era grande, suave en su cabeza dulce y cálida, y me gustó su sabor, mordiendo con suavidad cuando intentaba salirse. Me tuve que poner de lado para no perderla y casi no tenía donde sujetarme, en equilibrio sobre dos cuerpos desnudos y sudorosos.

De espaldas sobre el borde de la cama, sentí una lengua en mi trasero, que entraba y recorría la raja, dejándome húmedo y pringoso, y luego esa polla grande en el lugar de la lengua juguetona, intentando abrir el agujero ya casi preparado anteriormente por su dueño.

Me vi pues, agarrado a una polla, sobre un hombre sentado en la cama, y otro que me estaba entrando por detrás, con un pene grande y travieso, que iba abriéndose camino por el ano, dilatándolo mientras me acariciaba y se agarraba a mi culo y a las caderas, para coger impulso.

No pude mas y me corrí de pronto, entre espasmos que aceleraron el rápido mete y saca, y otra polla en mi boca que intentaba avanzar más dentro, y de la que escapé casi entre arcadas, para sentir su leche sobre mi cuello y pecho.

Luego, el cuerpo del que me estaba poseyendo, cayó suavemente sobre mi espalda, derrotado y feliz, y me quedé prácticamente sin sentido entre los dos, con una polla en mi cara, y la otra aun en mi interior, todavía algo dura, para que no se me olvidase tan pronto la sensación de tenerla dentro.