Lo mucho que puede ofrecer una simple ducha caliente

Una ducha…. todos sabemos lo que es. su efecto higienizante necesario, pero que me decís de la ducha como placer, como terapia?

era una ducha sin lujos, no los necesitaba, pero era amplia, un plato blanco entre paredes de azulejo oscuro, un grifo y su alcachofa. era imprescindible en un local de ese tipo. una ducha grande, limpia, efectiva, dispuesta a relajar los músculos tras una gran batalla sexual, y borrar olores a la vez que refrescar. Efectivamente, puede que algunos/as de vosotros lo hayáis adivinado. Era un local de intercambios. Allí solían ir ellos, cada vez que podían, para dar rienda suelta a su pasión y sus ganas, casi siempre sin interactuar nada mas que entre ellos, por no gustar o no gustarles el tipo de clientela de ese día. Iban allí porque no disponían de sitio por su condición de amantes, y los hoteles, a parte de caros a la larga, tienen mucho menos morbo, y el morbo era el motor de sus vidas, justo lo que no tenían en su casa y lo que les llevo a conocerse. la batalla previa, os la contaré otro día, está vez toca ducha, como cuando eras pequeño y no querías, sólo que ahora si.

se metió en esa ducha, sabiendo que estaba ella, habían llegado juntos hasta la sala de las taquillas, y aunque para el había otra, no le apetecía ducharse solo, quería sentir más aún.

apartó la cortina y se deslizó a su espalda mientras ella, con los ojos cerrados mojaba su cabello. la abrazo, ella sabía que era el… o no. se dejaba hacer. sus manos recorrían su piel, pasando de su vientre a sus pechos y recreándose en ellos, mientras su miembro cobraba vida rozando con el cuerpo de la horma de su zapato, porque eso eran ellos, la horma del zapato el uno del otro.

se giró, y pudo verle, y no pudieron esperar para fundirse en un apasionado beso mientras sus manos enloquecían en el cuerpo del otro. ella comenzó a acariciar sus testículos y su duro miembro como solo ella sabia hacer, mientras comía su boca como nadie más se la había comido nunca. Los minutos parecían segundos….

mirándole, se separó levemente de el, y sin parar la terapia de placer en su sexo. comenzó a bajar, no hacían falta palabras, y con gula comenzó a devorar su polla, mientras seguía masajeando sus huevos. Engulléndola con avidez, hasta el fondo y alternando con pasadas de lengua desde la base hasta el extremo rematando con círculos de placer en el extremo de su glande.

cambio la rutina de sus manos para masajear suavemente el perineo llegando hasta su ano sobradamente lubricado con el agua tibia de la ducha. Es una mujer completa, sabia en el sexo, y su mano izquierda mientras tanto trabajaba con sabiduría su coño, estimulando su punto G, lo cual la hacía jadear y suspirar mientras disfrutaba de uno de sus placeres favoritos comerse aquella polla, pocas veces le habían tocado así, y ella sabía estirar sus límites y enseñarle a disfrutarlos.

sintió que le acercaba al orgasmo, le conocía bien, y sin dejar de mirarle, desde una postura más cómoda sentada en el suelo, comenzó a pajearle, mirándole a los ojos, diciéndole todo sin palabras:

“mírame, mira como me tocó para ti, como te pajeo como te gusta, para que te corras sobre mi entera, sin elegir donde. riégame de cabeza a coño”

aumento el ritmo, faltaba poco para recibir su premio, y comenzó a recibirlo. potentes chorros de esperma caían como lluvia rabiosa sobre ella, calientes, tan calientes como ellos dos eran. y sabía que ese era el detonante de su placer y comenzó a correrse como una perra, como su perra…