Y llego el día en el que tuve que cumplir mi promesa y le entregue mi culito al hijo de Perla sin dudarlo

Un día estaba en mi casa muy aburrida, como siempre tenía unas ganas muy grandes de tener una verga entrando en mi cuerpo. No sabía si llamarle a uno de mis machos o salir a la calle y buscar un macho nuevo. Aún era temprano y podría tener un buen medio día con algún hombre que quisiera darme placer. Me encontraba muy concentrada en mis pensamientos, cuando el teléfono sonó.

P –Hola.

J –Hola Pam, habla Juan, el hijo de Perla.

P –Hola Juan, que gusto que me hables, ¿cómo estás?

J –Bien gracias, y como está la mujer más hermosa del mundo.

P –Gracias mi amor, estoy bien.

J –Te hable por lo de la promesa que me hiciste.

P -¿Cuál?, ¿la de darte las nalgas?

J –Sí esa promesa.

P –No me he olvidado de mi promesa, lo que ha pasado es que he estado muy ocupada, pero si puedes hoy, hoy mismo me la metes por el culo.

J –Claro que puedo hoy.

Le di la dirección del hotel y lo cité dos horas después de nuestra llamada. Me puso muy caliente saber que me iba dejar dar por el culo por aquel jovencito. Me puse una tanga negra, con brassier del mismo color, un pantalón muy pegado negro también, el cual hacía resaltar muchísimo mis nalgas, una blusa verde, tacones negros.

Al llegar al hotel, él ya me estaba esperando, se le veía muy impaciente. Lo salude dándole un beso en la boca. Pedimos la habitación y subimos. Lo hice sentarse en la cama, me senté sobre el dándole la espalda, y le restregué el culo por la verga, sentí como se le paró al máximo.

P –Que rica verga tienes, que rico se te para.

J –Me gustas mucho Pamela.

P –Y dime a parte de mi has tenido otra mujer.

J –Me acosté con una maestra de la escuela.

P –Vaya, así que tu maestra gozó de tu enorme y hermosa verga.

J –Sí, pero para mí tú eres la favorita.

P –Gracias amor.

Me di la vuelta y comencé a besarlo, el me manoseó las nalgas, yo ya estaba muy caliente.

P –Saca tu hermosa verga que te la quiero mamar.

Él sacó su enorme pito, yo me agaché frente a él y se lo mamé con todas las ganas del mundo, esa verga me volvía loca, pocas veces había tenido un macho con algo tan grande. Él gemía de placer.

J –Se ve que tenías muchas ganas de verga.

P –Claro Juan, tu verga me encanta.

Seguí mamándosela, trataba de metérmela toda, mi lengua iba por todos lados, le acariciaba los testículos, después solo le chupé la cabecita, el no aguantó y se vino en mi boca, me tragué toda su leche.

P –Que rico te viniste papi.

J –Es que la mamas delicioso.

P –Recupérate pronto que aún mi ano te espera.

J –Por fin mi gran sueño, entrar en tu ano, se hará realidad.

P –Sí papi, este ano te va a apretar bien rico esa verga.

Me desnudé, él tomó mi tanga.

J –Me la puedo quedar de recuerdo.

P –Claro mi amor.

En eso sonó su teléfono, era su mamá, le preguntaba dónde estaba, él con timidez, solo le dijo que estaba conmigo. Él me dio el teléfono, Perla quería hablar conmigo.

P –Hola Perla.

Pe –Hola puta, trata bien a mi hijo.

P –Pero claro, si tienes en casa a un macho bien vergudo, hoy le voy a dar las nalgas.

Pe –Por fin se le va a hacer.

Nos despedimos, Juan estaba muy serio, supe que el hecho de hablar de él con su mamá lo incomodo, me disculpe.

P –Perdóname Juan, pero tú sabes el tipo de amistad que tengo con tu mamá y siempre nos presumimos a nuestros mejores machos, y tú eres algo fuera de este mundo, esa verga que tienes es de lo mejor que he probado.

Juan se rió, yo le sonreí, vi su verga, me gustaba tanto ese pito y apenas era la segunda vez que estaba con él. Lentamente se lo acaricié y se le empezó a parar otra vez.

P –Por lo visto ya quiere entrar en mi culo.

J –Sí se muere de ganas de estar en ese hoyito hermoso.

P –Como la tienes muy grande, quiero sentarme en ella para metérmela poco a poco y no lastimarme, de todos modos traigo un lubricante.

Me lubriqué el ano y le lubriqué la verga, era una delicia saber que estábamos a punto de tener sexo anal. Juan se acostó, yo me puse encima de él, me agaché sobre la punta, la cual apuntaba a mi ano.

J –Que hermosa eres Pamela.

P –Gracias papi.

Me metí la punta.

P –Aaaahhhh que vergota.

Después me metí toda la cabeza.

P –Juan que verga más grande tienes, me vas a partir.

J –Que rico aprietas puta.

Sentía como si el ano se me fuera a partir en dos, lo vi a los ojos.

P –Lo más difícil siempre es meterte la cabeza, ahora que ya lo hice, me voy a dejar caer, para que me entré toda, pero no te muevas hasta que yo te diga.

Me deje caer.

P –Aaaahhhh que delicia, mi macho vergudo, no me la saques nunca.

Estuvimos sin movernos como tres minutos, aunque me dolía no aguantaba las ganas de ser sodomizada por aquel macho así que le pedí que se moviera lento, los dos comenzamos a movernos muy lento, él me tomaba de la cadera.

J –Que rica estás, que nalgas tienes.

P –Te gusta como aprieta mi ano.

J –Sí Pamela, nalgona hermosa.

Poco después comenzamos a movernos más, hasta que brincábamos en esa hermosa cogida, la cama crujía, nuestro placer era enorme, yo no aguanté y llegué al orgasmo.

P –Aaaahhhh me vengo, me vengo.

Él siguió moviéndose un poco más y me llenó el ano de su leche caliente.

P –Papi, que rico coges.

J –Pamela gracias por ser como eres.

P –¿Por ser tan puta?

J –No, por ser mi puta.

P –Ahora si soy completamente tuya, mi macho vergudo.

Me baje de él, me acosté y nos quedamos dormidos. Después de como una hora él me despertó chupándome los senos, yo gemía, el cada vez me chupaba más rápido.

P –Métemela en la concha.

Abrí las piernas, él la apunto a mi vagina y de un solo movimiento me la metió toda, el entraba y salía, yo gemía y pedía más. Él me besaba el cuello y me decía al oído que siempre que yo quisiera su verga el me la daría.

Después de un rato me puso en cuatro y me la metió en la concha, yo sentía como entraba toda, yo no paraba de gemir, comencé a gritar.

P –Así mi macho dame duro, cógete a tu puta.

Él me daba nalgadas mientras me la metía, yo no aguanté más y acabé en un largo orgasmo.

P –Aaaahhhh que rico papi.

Él siguió cogiéndome, cuando estuvo a punto de venirse me dijo que donde quería que se viniera, le pedí que lo hiciera en mi cara. Me la sacó y me llenó la cara de su semen que ya no era tanto, pues era la tercera vez que se venía.

Nos limpiamos y salimos del hotel en la calle, mientras nos despedíamos con un beso en la boca, alguien lo saludó, él se puso muy nervioso, era su papá. Él señor se siguió, yo le dije a Juan que era normal que él se acostará con una mujer, que los dos lo deseábamos y que su papá no tenía por qué decirle nada. Cada uno se fue por su lado, yo iba feliz de haberle dado las nalgas a ese macho que me había dejado muy abierta, esperaba repetirlo.