Julia sin querelo encontró las fantasías de su marido, no pudo evitarlo y solo pensó en una cosa y es en cumplir una de ellas

Estoy sentada en el escritorio de mi amado esposo y mientras espero a que se encienda su computador, me vienen a la mente imágenes de la noche anterior y me remuevo en el asiento pensando en lo bien que lo pasamos celebrando nuestro tercer aniversario… luego de una hermosa cena en el balcón hicimos el amor hasta cansarnos.

Necesito revisar mi correo electrónico antes de entrar al trabajo el lunes. Lo hago mientras espero a que Ángel despierte, debe estar agotado, pienso, y se me forma sonrisa pícara. Al entrar en la página del correo veo que él dejó su cuenta abierta y está en la sección de borradores, muevo la flecha hasta la esquina para cerrarla y mis ojos captan unas palabras interesantes en donde se escribe el asunto y me sorprendo al leer “Habilidades para el placer”. La curiosidad no me deja dudar y abro el correo de inmediato. Es una carta que comienza con: Amada Julia.

No lo puedo creer. ¡Es para mí!

Comienza describiendo lo que le gusta de mi cuerpo, haciendo una detenida observación a mis caderas anchas. Luego de ese párrafo que, tengo que admitirlo, me subió la autoestima a las nubes leo una proposición… relata, con cada detalle, lo que le gustaría hacerme en la cocina de nuestra casa. Desde un abrazo apasionado hasta follarme duro contra el refrigerador, mencionando sus exóticas habilidades con el uso que se le puede dar a la comida.

Quedo totalmente asombrada por su forma de escribir, de mezclar lo tierno con lo lujurioso. Sabía que podía ser dulce, siempre ha sido muy romántico conmigo, pero nunca imaginé que fuera tan apasionado. Debo reconocer que su proposición me excitó bastante.

Retrocedo a la carpeta de borradores y encuentro más correos. Un “asunto” llama mi atención particularmente, que dice: Degustación en el escritorio. Al abrirlo encuentro otra carta y me pregunto por qué no me las envía, debe pensar que soy una puritana, que me ofendería. Siempre hemos tenido sexo “normal”, bastante apasionado, pero siempre en la cama o en el sofá, con las posiciones comunes. Nunca pensé que quisiera sexo extravagante y duro. No niego que me he imaginado cosas parecidas con él, pero creía que a él no le gustaría y me avergonzaba pedírselo. Bueno, quizás sea un poco puritana en el exterior, pero mi mente es tan pervertida como la suya.

Continúo leyendo la carta y comienza como la anterior, pero esta vez hace una detenida observación en mi sexo, describiendo lo suave que es y las ganas que tiene de probarlo. Y su proposición consiste en saborearlo estando yo sentada en su escritorio con mis piernas apoyadas en los reposabrazos de su silla. Mientras leo expectante y con mi imaginación a mil noto que me remuevo contra la silla intentando aplacar el placer que me provocan sus palabras.

– Cariño. ¿no estarás viendo porno? – Me sobresalto y miro a mi apuesto marido en calzoncillos apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados a la altura de su pecho desnudo y con una mirada burlona. Debo tener la cara de un niño que ha sido pillado en una travesura.

– Uh… No… Yo… No – Es todo lo que logro decir.

– Oh esto es raro. Mi amada Julia sin palabras. ¿Qué estás haciendo? – me dice mientras se acerca caminando a mi lado para observar la pantalla. Y agarra mi mano antes de que logre cerrar la página. Su cara de sorpresa es monumental, ahora él es el niño que han pillado en una travesura. Me quedo mirándolo, esperando a que diga algo, pero alterna su mirada entre la pantalla y mis ojos sin decir nada.

–¿Por qué no me las has enviado? – Pregunto con un tono, que esperaba que sonara juguetón, pero fue más de pesar.

– Julia, yo… – dice con cara avergonzada.

– Pensaste que me molestaría – No es una pregunta. Sigue sin responder. Sonrío para que se relaje y logre decir algo.

–¿Te gustan? – Pregunta asombrado.

– Sí – Le digo tímidamente. Como aún me mira incrédulo, sigo – Me parecen tiernos y excitantes a la vez. Tiene un gran talento para el relato, señor Ángel –  le digo juguetonamente.

–¿A sí? – pregunta con una sexy sonrisa que agita mi corazón y otra parte de mi cuerpo. – ¿Tiene algún favorito hasta ahora?

Apunto con mi mirada a la pantalla y entiende que “Degustación en el escritorio” es mi favorito. Levanta las cejas y me muestra una sonrisa pícara. Cierra el computador y lo empuja hacia el otro lado del escritorio. Toma mi mano para levantarme de la silla y ahora él ocupa mi lugar.

Concentrado comienza a acariciar mis piernas suavemente y ya logra estremecerme solo con una caricia, sube sus manos hasta mi trasero y sonríe al notar que no llevo bragas bajo mi camisa de dormir. Hace un gesto con la cabeza hacia la mesa. Me siento al borde de esta con un movimiento grácil y espero. Ángel observa detenidamente todo mi cuerpo y comienzo a sentir vergüenza, pero antes de que me rodee el cuerpo con los brazos, él levanta mis piernas apoyando cada pie en los reposabrazos y la excitación supera la vergüenza, ya no me importa nada, sólo lo quiero a él, quiero que lleve a cabo su proposición.

Ahora besa mi pierna izquierda subiendo lentamente hasta la parte interna de mi muslo, yo me preparo, pero se detiene y comienza la misma tortura con mi pierna derecha. Al llegar al borde de alto de esta se detiene y me mira, no sé que cara tendré porque se ríe, me guiña un ojo y baja la cabeza a mi entrepierna. Besa ese punto de nervios que tan bien conocen sus dedos y yo sólo me dejo llevar. Baja unos milímetros más y su lengua roza los labios de mi sexo, comienza lento y pausado hasta que yo agarro su pelo como señal de que quiero más. Entiende mi mensaje e introduce su lengua más a fondo. Sale un gemido de mi garganta y aumenta el ritmo. Cuando estoy a punto de llegar al éxtasis se detiene.

– ¡Ángel, por favor! – Le suplico.

– Oh cariño – Suena más como un gruñido. Y con su pulgar comienza a acariciar mi clítoris en forma circular mientras vuelve a lamer mi sexo a un ritmo rápido. Esta vez no se detiene hasta que llego al orgasmo y gimo fuertemente su nombre mientras me desplomo en la mesa del escritorio.

Pasados uno segundos siento que se levanta de la silla, abro los ojos y veo una sensual mirada de suficiencia. Le sonrío agradecida.

– Oh no. Aún no he terminado contigo – dice en voz baja.

Toma mi mano para sentarme nuevamente y me besa apasionadamente, introduce su lengua en mi boca mientras agarra mi cabeza con una mano para evitar que me mueva. No desaprovecho mi oportunidad y comienzo a bajarle los calzoncillos para así acariciar sus redondas nalgas que tanto me encantan. Sube su otra mano desde mi cadera hasta uno de mis pechos, lo acaricia sobre la tela y cuando yo le aprieto su trasero él hace lo mismo con mi pecho. Lo hacemos repetidas veces hasta que me libera del beso y me tumba hacia atrás. Vuelvo a estar recostada en la mesa con él entre mis piernas, con su mano izquierda sujetando mis caderas y su mano derecha entre mis pechos alternado sus caricias entre ellos y sin previo aviso me penetra fuertemente hasta el fondo, lo que saca un grito de sorpresa y dolor placentero de mi garganta. Me da embestidas rápidas y profundas que me llevan al delirio, entra y sale, entra y sale mientras mis pechos se balancean siguiendo el ritmo. Nuestros gemidos se hacen uno. Necesito aferrarme a algo para liberar la tensión que siente mi cuerpo y me aferro al borde de la mesa sobre mi cabeza. Ahora sujeta mis caderas con las dos manos y cuando las aprieta más, sé que está a punto de llegar al orgasmo.

– Vamos cariño, córrete para mí – dice con un gruñido.

Y yo me libero. Mientras aún dura mi orgasmo el embiste dos veces más y se corre dentro de mi gritando mi nombre. Se desploma sobre mi cuerpo y le acaricio el pelo disfrutando del momento más íntimo que hemos tenido en estos tres años de matrimonio. Íntimo, porque ahora sabemos lo que nos gusta y podremos disfrutarlo son tapujos.

– Debí haberte enviado esos correos hace tiempo – dice. Y comenzamos a reír.