Había visitas, mi primo cubano estaba de paseo. Lo mejor que se me ocurrió hacer fue darle todo el placer que una prima podría darle

Mi primo se había quedado totalmente dormido por el cansancio de tanto placer y yo aún no había llegado al clímax. Estaba algo molesta por eso, pero no soy de las mujeres que se quedan cruzadas de brazos cuando tienen un problema. Siempre he sido del tipo de mujeres que ponen manos a la obra, y eso es justamente lo que iba a hacer. La enorme y gruesa polla de mi primo yacía sobre su pierna flácida por completo. Estaba agotada igual que su dueño, pero yo estaba decidida y enteramente dispuesta a despertar a aquella enorme y bestial polla. Mi vagina ansiaba y se llenaba de humedad con la sola idea de poder tenerlo dentro. Su enorme polla brillaba, rebosante por aquel grosor y lucía realmente apetecible. Yo comencé lamiéndolo como una paleta de chocolate, que era justo lo que parecía una gran paleta de choco banana (un postre en mi país, que es un plátano grande cubierto por chocolate totalmente helado) una completa delicia. Lo lleve a mi boca probando aun restos de su leche. El sabor era delicioso y mi lengua degustaba hasta el punto de extasiarse con su sabor. Mis papilas gustativas tenían miles de pequeños orgasmo al probar su dulce eyaculación.

A pesar de todos mis esfuerzos la bestia seguía dormida. Decidí ponerme más seria y realmente entrar en el juego. Dejé caer mucha de mi saliva en su polla llenándola por completo de mi húmeda saliva. Su polla en segundos estaba empapada. Yo comencé a tomarlo delicadamente con mis manos frotándolo como si le diera un masaje relajante. Fuertemente con mis manos frotaba a aquella bestia como acariciando un animal. Una mano detrás de otra frotaba hacia arriba para despertarlo. Provocando que la sangre circulara hacia su pene para que lo llenara de fortaleza y energía. Después de muchos esfuerzos, por fin mis masajes comenzaron a dar frutos. Su pene comenzó a despertar lentamente. Se ponía más grueso pero aún estaba caído. Mi primo seguía profundamente dormido y parecía no tener para cuando despertar. Yo volví a pasar mi lengua sobre él. Esta vez había más reacción de su parte. La bestia se había despertado y quería levantarse. Yo comencé a darle besitos por todos lados. Le daba un beso en los huevos, uno en la base llena de pelos chinos y uno en la puntita. Metí de nuevo mi lengua en su uretra y decidí algo que me había enseñado una amiga en la prepa. Ella me había contado que cuando un hombre batalla para parársela puedes estimularle el ano, ahí tienen la próstata y eso los hace tener erecciones duras. Yo tome su consejo y mientras lamia descuidadamente su pene metí mi dedo índice en su ano. El de inmediato se puso duro como arte de magia, pero también despertó.

–Hola, quédate quieto y disfrútalo.

– ¿Qué es lo que me estás haciendo negrita?

–Tú no digas nada, solo relájate y disfruta.

–Pero estas metiendo tu dedo en mi culo, no creo que debas hacer eso, no soy gay.

–Ya te dije que te calles, nos van a escuchar mis papás.

–Ok, me callo July.

Yo seguí mamando su pene. Mi saliva se pegaba a mi cara y su pre eyaculación también. Mi dulce saliva y su pre eyaculación se combinaba formando un delicioso sabor para mis labios. Nada en este mundo era más dulce que eso. Yo lo hacía sin dejar de mirar sus ojos y mi dedo seguía penetrando su ano. Él estaba gozando de una manera increíble y tomaba mi cabello acariciándolo y abría cada vez más las piernas para que mi dedo entrara más profundamente dentro de él. Ves, te dije que te iba a gustar primito –dije mientras sonreía–. El me tomo de la cabeza y me dijo –no pares negrita, por dios no pares por nada del mundo–. Yo seguí mamándole el pene, pero decidí probar después algo nuevo con él. Pare de chuparle su gran y obesa polla y me dirigí más debajo de él. Abrí su ano con ambas manos y metí mi lengua dentro de su ano. El sabor de su mierda era intenso, pero extrañamente erótico y me hacía mojarme por completo. Mi lengua podía saborear su recto mientras mi mano lo masturbaba sin parar. ¡Dios mío santísimo, que es esto señor padre! –gritó mi primo mientras tiraba su cabeza hacia atrás–. No pares, por tu puta madre, no pares negrita –dijo totalmente excitado–. Yo me detuve de repente y lo mire a los ojos.

–Ahora sientes lo que yo sentí cuando te quedaste dormido cabron, me dejaste con todas las ganas del mundo esperándote y tu bien pinche dormido; quiero que me chinges en este momento. Quiero que me cojas duro con esa bestia–.

–Perdóname July, pero es que tú me dejaste muy cansado, eres una yegua indomable en la cama, no puedo contigo.

–Puse vas a tener que ponerte a la altura, porque yo necesito gozar también.

–Puede que no esté a la altura, pero créeme que lo voy a intentar, me siento muy mal por haberme quedado dormid, ahorita yo también te  voy  a hacer gozar.

Me tomo de la cintura y me levanto para tirarme en la cama boca abajo. Estaba acostada con el pecho aplastado en el colchón y él estaba parado en el piso de la habitación. Se acercó por detrás de mí y metió violentamente su polla en mi vagina. ¡Ah! –Gimió intensamente mientras metía el resto de su polla obesa dentro de mí–. Yo grite de dolor pero ahogue mi gemido en las sábanas de la cama. Mi primo empezó a embestirme lentamente pero muy firme y sin dejar ni un centímetro de su pene fuera. Metía hasta el fondo de mi vagina tan estrecha su bestial miembro húmedo y resbaladizo. Mi vagina lo recibía por la humedad que se desbordaba de ella. El seguía tomándose firmemente de mis caderas y embestía mis nalgas haciéndolas sonar como estruendosos aplausos, incrementando cada vez más su ritmo; haciendo parecer su forma de coger una ovación por el sonido que hacía. Una tras otra sus embestidas iban a toda velocidad. El gruñía y bufaba como un animal mientras me tomaba agarrándome con fuerzas enterrando sus uñas en mi piel. Yo gemía de placer y me movía al mismo ritmo de sus furiosos embates. ¡Jálame el pinche pelo fuerte, jálamelo cabron! –Dije con furia–. Mi primo me hizo caso y tomo con sus dos manos mi cabello juntándolo como si hiciera une cola de caballo, y la jalo con fuerza mientras me daba más duro. Yo gemía y gritaba mientras él me daba tan duro como podía. Me voy a venir July –dijo con una voz exhausta–. Aguanta un poco más, ya estoy cerca –dije–. El siguió dándome muy duro. Cada vez que lo hacia sentía que podía ser la vez que se descargara dentro de mí. –Quiero que me llenes las chiches de tu leche primito –dije–. El siguió penetrándome duro. Mi cabeza ya dolía por los jalones tan fuertes de mi primo y mis nalgas ya estaban rojas por tantas nalgadas y golpes que me daba con furia. De pronto lo sentí. Esa deliciosa corriente que siempre llegaba a mi cuerpo cuando tenía un orgasmo y grite me vengo. Un gran chorro salió  a presión de mi vagina y mi primo dijo –yo también–. Se corrió dentro a pesar de que le dije que no lo hiciera jalándome la cabeza hacia atrás con fuerza y cayendo encima de mí. No baboso quería que me llenaras las tetas –dije–. Yo me senté a su lado en mi cama y saque su grumoso semen de mi vagina y lo frote por todo mi pecho. ¿Qué te costaba hacerme gozar menso? –Le pregunté mientras recuperaba el aliento–. El no podía ni hablar. Me reí mucho por eso y le dije –haber cuando te ayudo a estudiar de nuevo mientras me iba meneando el trasero desnuda rumbo a mi cuarto. Continuara…