Estoy con Raúl un hombre con todas las letras, pero en Internet conocimos a Héctor quien da órdenes, dice lo que tiene que hacerme mi hombre

¿Por qué escribo esto? No tengo ni idea, tal vez por compartir lo que hace tiempo pensaría que era una rareza, por ser suave. Pero llevo 2 años, o casi, en esta web leyendo todos los días otros relatos y una pequeña aportación.  

Todo lo que contare es tan real como la vida misma. Siendo el mes de mayo el 5º aniversario de su inicio.

He sido y soy una mujer muy peculiar, por mi timidez, por lo reservada que soy y porque no me gusta que desestabilicen mi vida normal, lo que es normal para mí. No he tenido relaciones muy largas solo tres. La primera siendo jovencita, ese primer amor que nos va haciendo adentrarnos en nuestra sexualidad. La segunda fue con el hombre que me casé, que después de hacerlo, según pasaba el tiempo me di cuenta de que había sido una gran equivocación, divorciándome poco después y no de una forma muy amistosa. Hubo elaciones cortas, que tampoco es que me dejaran huella. Hasta aquí fue mas o menos mi vida durante una temporada y para no ser descortés, os diré que me llamo Rosa y es mi nombre real. Tengo 35 años y me considero normal físicamente, no soy una top model, pero tampoco una bruja… jejeje.

La casualidad me llevo a encontrarme con un hombre de mi edad que habíamos coincidido en el pasado muchas veces, pero nuestra relación nunca fue mas allá. Empezamos a quedar y con el tiempo nos enrollamos, después de enrollarnos pasamos a vivir juntos y al final somos una pareja con la relación afianzada. El que se llama Raúl es una bellísima persona y se que me ama mas que yo a él, él lo sabe y no le importa.  

A nuestra relación cada uno llego con su “mochila” particular, la mía primordialmente estaba llena de ciertas inseguridades, de problemas anímicos, que no contare, y sobre todo de bastante desconfianza hacia los hombres, aunque diría también que, con el resto del mundo, soy de naturaleza desconfiada.

La mochila de Raúl, llego menos cargada que la mía, o eso era lo que creía en un principio. De lo que si llego llena era de unas experiencias inimaginables para una mujer tan normal como yo. Una experiencia de vida que desde que me fui enterando, no dejaba de sorprenderme.

Si quitamos las típicas discusiones de pareja, discusiones sin la mayor importancia, de algún momento económico delicado y de las familias “políticas” todo iba muy bien. Mi área de confort estaba estabilizada, sabia como controlar, aunque suene mal, a Raúl, que es un primor de hombre.

Sus experiencias en el campo sexual me dejaban con la boca abierta. Conseguía que me excitara permanentemente con las situaciones vividas. Que nunca habían entrado en mi cabeza, pero que tal como me lo contaba Raúl, la normalidad que le daba, me llenaban mas de curiosidad. Quería que me metiera en webs de relatos y yo me negaba, entonces empezó a seleccionar los relatos y me los enviaba por correo. En un principio veía que eran cosas difíciles de entender y la temática siempre, siempre era la misma. Hombres que hacen que sus parejas, estén casados o solteros, tengan relaciones con otros hombres en su cara. Participando los dos.  

Los leía, reconozco que algunos me excitaban, pero también pensaba que eran ficción, porque mi cabeza no se podía plantear que un hombre quisiera ver a su pareja con otro hombre, igual que yo jamás, compartiría a mi pareja con otra mujer.

Una vez bien afianzada la pareja, poco a poco, Raúl me introdujo en un nuevo ambiente sexual. Compramos artículos para el sexo, nos adentramos en nuevas experiencias para mí, por lo menos. Como fue el sexo anal, que en un principio me “acojonaba” y que ahora me encanta. También el bondage suave o light, que también me encanto.

Raúl que no solo me follaba físicamente si no también mentalmente, decía que quería sacar la puta que llevaba dentro, no paraba de martillearme con que quería verme follada por uno o mas hombres y yo siempre le contestaba que sí, que con 40. Hasta que me di cuenta de que lo decía de verdad y ya de forma mas seria lo hablamos diciéndole que no lo entendía, ni lo entiendo.

Después de pensarlo mucho, me dije que a nadie le amarga un dulce y si el estaba tan convencido y era lo que quería, pues adelante. Que mejor que eso para una mujer y lo digo porque la mujer que diga lo contrario, MIENTE. Tuvimos unas intentonas, pero llevaron al mas absoluto de los fracasos. O los hombres escogidos no me decían nada, o no querían que Raúl estuviera presente.

Mas tarde por medio de internet Raúl hizo “amistad” con varios hombres y por una cosa u otra descartamos a todos, menos a uno que Raúl se empecino que ese era el adecuado. A pesar de la insistencia de Raúl para que chateara con él, me negué una y otra vez. Hasta que un día por no escuchar mas a Raúl por lo persistente que era, me comprometí a chatear una sola vez con él y nada más. Era como si fueran amigos y conocidos de toda la vida. No paraba de hablarme de su “amigo” Héctor. Si es que en realidad se llamaba así y si en realidad tenía un año más que nosotros.

Me puse a chatear con él, mi timidez y mi desconfianza me llevaron con la intención de ser bastante borde. Intente serlo, pero de una manera u otra me desbarato un poco, no era como me esperaba, hubo algo que me decía no es tan “raro” “imbécil” “creído” como pensaba, aun así, esa primera vez corte rápido y no fui mas allá, pero me quede con una punzada por dentro.

Pocos días después, volvía a chatear con Héctor y me dejo un buen sabor. Ya no me disgustaba hablar con él, porque entre otros motivos, teníamos experiencias vitales de vida en común, lo que llevo a que nos entendiéramos mejor. Sentí día a día lo que me relajaba hablar con él, le contaba algo muy personal y no me hacia falta explicarle nada más, era como si estuviera en mi mente y supiera, lo que pienso y siento, haciéndome con sus palabras encontrar una tranquilidad inimaginable.

Me desconcertó que no hubiera entrado a saco, con el sexo y eso que lo tenia fácil, porque Raúl le había contado mas de la cuenta, sobre mis gustos y nuestros gustos sexuales. Pero no, no tenia prisa. La percepción que tenia de Héctor era de un hombre sereno, con las ideas claras, culto, sabia estar y desde luego no creía que se le pudiese “controlar” como a Raúl.

En las siguientes semanas y meses, fuimos intimando. Dándonos cuenta Raúl y yo, que Héctor además era bastante dominante. Le mandaba a Raúl, que me atara que me azotara suavemente, que me follara. Volviéndose una constante diaria. Nos acostábamos dos, pero éramos tres, porque Raúl lo mencionaba constantemente en nuestras relaciones, aunque me quejaba, me encantaba que lo hiciera y cuando llegaba a mis orgasmos, mi mente en ese momento estaba y era para Héctor.  

Héctor nos conocía perfectamente a Raúl y a mí. Nos costaba reconocerlo sobre todo a mí. Me cabreaba que un tío sin conocerme me conociera tan bien, pero a la vez me sentía muy llena de que me conociera, aunque de forma habitual, le decía que se equivocaba. Él quería unas cosas y yo otras. No nos poníamos de acuerdo, porque yo quería que se hiciera como decía, pero el, tenia otra cosa que no dije antes, una cabezonería inaudita. No daba su brazo a torcer.

Un día sin esperármelo y de manera imprevista, quiso hablar conmigo y lo hicimos. Mi nerviosismo fue como si fuera una niña pequeña con su primer chico y así estuvimos bastantes semanas. Todo iba de dulce y empezamos el sexo telefónico. Oír como me hablaba lo que me decía, me llevaba a tener unos orgasmos increíbles y luego cuando llegaba mi pareja, se lo contaba y hacíamos de todo, siempre teniéndole a el presente y en mis orgasmos, aunque no le decía nada a Raúl, solo pensaba en Héctor, igual que cuando me azotaba, cada azote era como si me los diera Héctor.

Descubrimos que era AMO y que lo que quería era una puta sumisa y un cornudo. El primero que me dejo sorprendido fue Raúl, que él estaba más que dispuesto, estaba encantado de la vida. Ante mi sorpresa, Raúl me conto que ya hacia tiempo tenia la fantasía de comerse el rabo de Héctor conmigo, los dos a la vez. Me quede helada y le dije que no me hacia mucha gracia, pero que, si era lo que el quería, pues que lo hiciera. Siempre pensando que Héctor no querría.

Se lo confesé a Héctor y le pregunté, sobre todo. No me importaba ser su sumisa y que Raúl fuera un cornudo, todo lo contrario, me encantaba la idea. La respuesta de Héctor fue que sí, que yo enseñaría a Raúl a comerse su rabo, pero que lo haríamos nuestro “putito” y seguía sin verlo, pero sabia que así seria, lo mejor es que me fuera haciendo a la idea. Que tendría un macho corneador y un sumiso cornudo, no pintaba mal la idea.

Héctor quiso más o pidió más. Raúl lo vio normal y me animo, pero yo no quería ceder, me parecía arriesgado y yo también quería más y Héctor no me lo concedía. Quería que hiciéramos sexo los tres virtualmente y a mí no me apetecía ni quería que se me viera la cara. Llegamos tirar tanto los dos de la cuerda, que se rompió.  

Llego la no comunicación. Mi enfado todos los días era atronador. No es que estuviera pillada de él, estaba enamorada y necesitaba oírlo, necesitaba que me hiciera tener esos orgasmos únicos, le necesitaba a él.

 

Dedicado a mi dueño, amo y señor Héctor. Y también a mi querida pareja Raúl por comprenderme, conseguirme y darme tanta felicidad.