Descubriendo algo nuevo en mi ¡Soy una travestí!

Esta es la historia de cómo fue que un día descubrí que ser travesti era algo muy apasionante. Todo fue un descubrimiento inesperado, lo cuento. Bueno, primero comienzo hablando un poquito de mí: Soy tv madurita muy de clóset porque tengo pareja y no soy nada obvio. He tenido pocos encuentros vestida de nena y cuando estoy vestida soy una nena totalmente pasiva. Mi inicio como travesti fue, como dije al principio, totalmente inesperado y fue cuando yo tendría unos 22 años de edad y de eso tratará mi primer relato aquí. Vivía con mis padres en una casa que alquilábamos y que tenía un cuarto en el piso superior y que los dueños de la casa usaron como bodega para dejarnos la casa desocupada. Una tarde se me ocurrió subir a curiosear en el cuarto que usaban de bodega los dueños de la casa y comencé a ver muchas cosas interesantes porque eran gente de dinero. Había cosas para pescar, herramientas mecánicas, algunos candelabros, etc. entre tantas cosas encontré una maleta con mucha ropa y comencé a curiosear sacándola. Había camisas, blusas, pantalones y un vestido que llamó mi atención porque tenía la etiqueta de El Palacio de Hierro y suponía que sería caro. Lo recuerdo muy bien a pesar de que hace décadas de tal suceso, era color de rosa con algunos adornos grises. Lo levanté y calculé que sería como de mi talla. Sonriendo pensé en ponérmelo, un poco jugando. Me quité el pantalón y la playera y procedí a ponérmelo sonriendo por el juego. Cuando lo tengo puesto siento como una descarga eléctrica y siento una excitación nunca antes experimentada. Estaba vestida de mujer y estaba excitadísima. Pasaba mis manos por mi cuerpo encima del vestido y no podía creer que fuera tan excitante. Era una mezcla de muchas cosas: la excitación sexual que no era para nada genital porque no tuve ninguna erección, más bien al contrario; lo prohibido y oculto que estaba haciendo, transgrediendo las reglas morales; el tacto de la tela sobre mi piel.

Lo disfruté un momento muy pequeño por miedo a ser descubierta y procedí a quitármelo y a bajar de allí. Después de esa tarde subí todos los días que podía a ponerme mi vestido, hasta que un día estaba muy linda vestida con mi precioso vestido mirándome en el espejo de un ropero que había allí, cuando de pronto escucho desde el callejón del que se alcanzaba a ver el cuarto de la azotea donde yo estaba, un silbido ¡Fí fíu! chuleándome y eso hizo que sintiera que me caía una cubeta de agua helada encima. Rápidamente me lo quité y salí corriendo de allí. Después de ese mal momento, dejé de subir a ponerme el vestido por unos meses y sólo lo repetí una o dos veces más, porque llegó a mi vida una mujer que hizo que me olvidara un poco de mi pasión que mantuve dormida por unos años. Después esa pasión volvió a despertarse pero de eso les contaré en otra ocasión.