De ser un sumiso heterosexual a ser el juguete de un macho dominante

Todo empezó jugando por twitter. Me había armado un perfil llamado “nene sumiso” para explorar mis fantasias de sumisión y humillación. Con el desarrollo de mi perfil y el contacto con cuentas similares fui adentrándome en ese mundo. Debo reconocer que me dio mucho morbo y calentura el descubrimiento de la categoría Cuckold, es decir: cornudo.

Fantaseaba con ver como se cogían a mi novia (que no tenía) delante mío. Con el paso del tiempo esa fantasía fue variando y abarcando nuevos morbos. Comencé a imaginarme a mí mismo atado, desnudo, mirando como mi novia gozaba con un macho, para luego pasar a imaginarme suelto, de rodillas cerca de la acción, recibiendo insultos y humillaciones de mi novia y su amante de turno. Al poco tiempo me imaginaba a mi mismo lamiendo leche ajena del cuerpo de mi novia. De su conchita, de su cola, de sus tetas, de sus labios…

El siguiente paso fue inevitable, comencé a fantasear con limpiar la pija de mi corneador. Me veía a mi mismo metiendo sumisamente su gran verga en mi boca, y chupándola hasta dejarla limpia mientras mi novia se reía. Y así pasé, en mis fantasías, de ser un cornudo sumiso a ser sometido por mi corneador. A partir de ahí invadieron mi mente miles de fantasias distintas. El escenario era similar, yo siendo sometido por mi novia y su amante, pero los detalles cambiaban: a veces mi corneador era mas joven que yo, a veces mas viejo, pero siempre con su pija mas grande que la mía, cosa que en realidad no es muy difícil. Mi papel también cambiaba. A veces limpiaba a mi novia tragándome todos los restos de semen, otras me veía chupándosela a mi corneador. A veces mi novia estaba a cargo de mi humillación, y otras veces sus amantes. En esos casos mis roles iban desde chuparles la verga a recibir nalgadas, pijazos en la cara, cachetadas, escupitajos e incluso entregarles mi culito virgen.

Mis perversiones viraron cada vez mas para esos lados, buscando cada vez mas y mas humillación. Llegue a fantasear con ser convertido en una putita en manos de mi corneador, siendo cogido vestido de prostituta para su diversión y la de sus amigos, que muchas veces ocupaban roles en mis fantasias. Siempre tuiteando a consecuencia.

Cierto día establecí contacto por md con un hombre llamado Pablo. Me dijo que tenía 45 años, que era bien macho y le gustaban mis “tuits de putita”. Fue mi primera interacción con un hombre y sus palabras me hicieron sentir inferior rápidamente. Sabía que decirme y cómo decirlo para hacerme sentir bien humillado. Yo me dejé llevar, compartiendo con él mis fantasías, escuchando sus ideas y masturbándome como un mono.

Por supuesto no tardó mucho en ordenarme que me desnudara para el. Y lo hice. Recibió un video mio quitándome todo y varias fotos de mi pito. Sus risas y sus comentarios sobre mi pequeña verguita me calentaron muchísimo, tanto que esa noche terminé obedeciéndolo en todas sus guarras ordenes. Escribí frases humillantes en mi pitito como “pitito de bebe” o “putita pito corto” y publicando las fotos, me castigué duramente el pito con duros golpes mientras decía “perdón amo por tenerla pequeña”, me introduje un marcador en el ano (primera vez que algo ingresaba por mi culo) y luego de un mete-saca en cuatro patas terminé dejándomelo dentro y filmando como arruinaba y frustraba mi propio orgasmo para él. Me obligó a dormir completamente desnudo, sin limpiarme la leche y sin sacarme el marcador. No tenía por qué hacerlo, ya que sería incomprobable para Pablo, pero por alguna razón lo hice.

Mi primera experiencia virtual con un hombre había sido muy morbosa y excitante. Tanto que me masturbé a la mañana siguiente sin sacarme el marcador, e incluyendo un lento mete-saca. Me sentía raro, humillado, degradado, pero morbosamente feliz. Y esperaba lo mismo de mi nuevo amo Pablo, pero cuando nos encontramos nuevamente online algo había cambiado.

Se lo veía molesto, agresivo. Comenzó a presionarme para tener una sesión real. Eso a mi me daba mucho miedo, ya que ni siquiera había hecho algo así con una mujer. Intente retrasar ese momento, haciéndole entender que era muy fuerte para mi, ya que jamás había estado con un hombre y menos en una situación de ese estilo. Me mostré muy obediente, al punto de auto humillarme para llamar su atención, pero el seguía firme en su postura y no me seguía el juego virtual. Así ya no pude calmar mi perversión mediante nuestros ciberjuegos.

Todas las noches le pedía por favor que jugara conmigo. Le mandaba fotos de mi pitito, videos castigándolo a golpes o humillándome verbalmente con frases como “por favor amo pablo, juegue con su putita. Mire como tiene de duro su pequeña pijita”. Comencé además a enviarle videos donde todas las noches arruinaba mis orgasmos, quedando frustrado para él. Llegué al punto de pedirle permiso para masturbarme, y realmente le hacía caso. Las noches que me contestaba casi siempre me dejaba pajearme para el; le divertía darme indicaciones y ver como obedecía al pie de la letra, incluso cuando no me permitía llegar al orgasmo, pero otras noches ni siquiera me contestaba, o me decía que no. Esas noches eran la mayoría.

Una noche como cualquiera volvió a insistirme para vernos en persona, diciéndome todo lo que me haría. Por supuesto mi pito se puso durísimo, pero yo seguía sin animarme. Por primera vez me mandó fotos de su descomunal pija, preguntándome que me parecía y diciéndome que debería arrodillarme siempre en presencia de su garrote. Tan obediente y desesperado estaba que me arrodillé y le envié fotos así. Me ordenó quedarme así y describirle como reaccionaría ante su pija y como la chuparía. Fui lo mas descriptivo posible y me imaginaba todo lo que escribía. Y ahí, de rodillas y desnudo en mi propio living, diciéndole a un sujeto de 45 años como le chuparía la pija, noté que mi pitito estaba mas duro que nunca.

Le rogué que me dejara masturbarme. Primero me dijo que si, que lo hiciera lentamente, pero a medida que me acercaba al orgasmo comenzó a obligarme a reducir el ritmo hasta dejar de tocarme. Estaba desesperado, por explotar, necesitaba acabar así fuera un ruined orgasm y se lo hice saber, pero él se negó.

– Por favor amo Pablo, haré lo que sea. – le dije suplicando como buena putita.

– Quiero que vengas a mi departamento, te vistas de mujer y lo limpies todo – me contestó.

Me quedé de piedra, tanto como mi pitito. Ante mi silencio, Pablo comenzó a explicarme su idea mientras me obligaba a seguir acariciando bien despacio mi verguita. Me contó que tenía un departamento vacío al que solo iba para coger con sus amantes o juntarse con sus amigos; estaba deshabitado. Su única pretensión era vestirme de nena, con ropa bien putita, y verme limpiar todo su departamento como si fuese su criada. El morbo explotó en mi cabeza. Podía verme a mi mismo vestido de putita en una casa ajena, limpiando todo como buena criada mientras recibía ordenes y humillaciones de mi amo Pablo, era una forma morbosa y a la vez suave de cumplir mi fantasía. Mi cola seguiría siendo virgen y mi boca seguiría sin probar una verga; y me sacaría las ganas de ser dominado por un hombre.

– esta bien amo Pablo, acepto – le dije.

– muy bien putita, así me gusta. Ya podés acabar.

Me bastaron tres o cuatro sacudidas a mi pitito para que éste explotara, soltando sobre el suelo una cantidad increíble de leche tibia. Caí rendido, exhausto, casi sin poder creer a lo que había accedido un minuto antes. Sentí miedo, pero ya no había marcha atrás, iba a ser la putita criada de Pablo…

– Ahora limpia la leche con la lengua mariquita, y anda a dormir. Mañana te escribo. – dijo antes de desconectarse.

Por supuesto lo obedecí. Después de obligarme a tragar mi propia leche por primera vez, lamiendo el suelo para lograrlo, me fui a dormir. Pero no sin antes masturbarme nuevamente imaginando todo lo que me esperaba.