Cuando humille de muchas formas a mi novio

Acabo de terminar con mi novio porque me cansé de hacer con él lo que me daba la gana, antes fue mi amigo, incluso cuando mi amante de turno no tenía carro, Mario nos llevaba al motel y se quedaba en el carro mientras a mí me cogían, luego le contaba a detalle las mil porquerías que me había hecho, en otras oportunidades yo andaba tan caliente que le pedía que llamara a su primo para que me cogiera en su cama, mientras Mario se iba al cuarto de sus papás a ver televisión, otras veces le pedía que me rasurara la cuca cuando me iba a coger un amante nuevo, era tan pendejo que incluso llegué a pensar que era gay, no tengo nada contra los gay, lo pensé porque nunca me insinuó nada, ni cuando me depilaba la panocha.

¿Por qué acepté que fuera mi novio? Por bruta, resulta que tenía un amante casado, él me enseñó mucho sobre el sexo y me hizo su puta sumisa, me usaba, me maltrataba y me humillaba, cosas que me encantaron, me enamoré de Hugo como una estúpida, pero una noche que le caí de sorpresa en su apartamento, estaba con otra, le hice una escena de celos marca diablo y por supuesto me mandó a la chingada, lloré durante mucho tiempo y como siempre, ahí estaba Mario para lo que yo necesitara, él me decía: -Tranquila, Sam, una niña tan linda como tú no debe sufrir así por un hombre casado- Ya no soy una niña, pendejo, tengo 21 años. -Me refería a que eres una mujer muy linda- Lo dices porque eres mi amigo. -No, hasta mi primo dice que eres una flaquita muy rica, que desnuda te ves deliciosa-

Fueron tantos sus halagos y su manera de tratarme, que terminé aceptándolo como novio, me decía que me amaba desde hacía mucho tiempo, pero que nunca me dijo nada porque él era muy poquita cosa para mí, además su primo lo amenazó con que no me fuera a decir nada, porque él quería seguirme cogiendo, la autoestima de Mario estaba por los suelos y ahí supe que ese hombre haría lo que le pidiera. Ya tenía dos meses desde que Hugo me cortó y en ese tiempo entré en depresión y no quise coger con nadie, ya me urgía que me dieran verga y Mario era un idiota inexperto, pero a base de chingadazos fue aprendiendo, no sé por qué me daba por tratarlo como mi sumiso y el estúpido se dejaba y hasta le gustaba, él fue mi desahogo, cada vez que me acordaba de Hugo, era tanta mi rabia de recordar cuando fui su sumisa, que las cosas que él me hacía, yo se las hacía a Mario, cada vez abusaba más de él y a nada me decía que no, lo único que me faltaba era coger con otro delante de él, pero no se dio la ocasión.

Una noche me sentí muy cansada, estaba enferma, creí que tenía Covid, pero afortunadamente no, me dio una gripe tan horrorosa que me quedé en cama una semana, Mario me llegaba a ver todos los días y aunque él intentaba manosearme, yo le decía que no, debí estar muy enferma para no querer que me metieran los dedos en la pucha, pero era tanta su insistencia que fue la primera vez que lo abofeteé, no me dijo nada, me besó la mano y se despidió, yo creí que se me había ido la mano, pero a la noche siguiente volvió a visitarme, le pregunté cómo se sentía y me sorprendió su respuesta: -Sam, no me vas a creer lo que me pasó cuando me pegaste… se me paró el pene- ¿Te gustó la bofetada? -Me excitó, me gustaría que me trataras como el hombre casado te trataba a ti- El hombre casado se llama Hugo y no sé si soportarías todo lo que él me hacía a mí. -Cuando te repongas lo intentamos- Espero que no te arrepientas.

Efectivamente, cuando me curé, lo primero que hicimos fue ir a un motel, le dije que a partir de ese momento yo era su dueña y que iba a ser mi esclavo por esa noche, que si no le gustaba ya mañana seguiríamos como antes, -Pero ¿Sí te puedo hacer preguntas?– Las que quieras, pero solo por hoy, Hugo me obligaba a estar en silencio mientras el veía televisión y yo le mamaba la verga, otras veces me pedía que le hablara sucio, pero si yo tocaba otros temas me pegaba en la cara. -¿Te gustaba?- Al principio no, pero cuando me enamoré, mi placer era darle placer a él. -¿Cómo te trataba cuando te la metía?- Me decía que yo era su puta, me jalaba del pelo, me escupía, me nalgueaba, me metía un dedo en el culo, me jalaba los pezones hasta que gritaba, me torcía la cara a puros chingadazos, incluso me llegó a sacar sangre. -¿Y tú que le decías cuando te pedía que hablaras sucio?- Le decía que su verga era la más rica que me había cogido, que era su puta y que estaba dispuesta a que hiciera conmigo lo que quisiera, solo una cosa no acepté, Hugo quería que lo viera coger con otra, ¿A ti te gustaría verme coger con otro? -¡No! Yo te amo, no lo soportaría- ¿Y qué harías si pasa? -No sé, me volvería loco de celos- Tú sabes que yo no te amo, ¿verdad? -Lo sé, sigues enamorada del hombre casado y no me importa, los esclavos no tenemos derecho a ser amados- Y me cogió, el polvo no fue la gran cosa, pero me calentó ser dueña de su voluntad.

Lo primero que hicimos fue darnos un baño, luego le pedí que me chupara todo el cuerpo empezando por mis pies, pero que tenía prohibido mamarme las tetas, el culo y la panocha, hasta que yo se lo pidiera, luego le ordené que se acostara de lado porque le iba a mamar la verga, Mario me vio como preguntándome por qué de lado, pero lo iba a entender en un instante, si no me causara tanto placer mamar verga, lo dejaba con las ganas; le chupé los huevos, se los mordisqueé tantito, le ordené que no me dijera ni mierda, ni se quejara, él ahogaba sus grititos de dolor, luego me metí la verga a la boca y le enterré un dedo en el culo, sentí como trataba de zafarse, pero lo agarré a bofetadas, le escupí la cara y le dije que no tenía derecho a quejarse, que si le gustaba, la próxima vez iba a traer un macho para que se lo cogiera, Mario me dijo que no era maricón, pero que sí se dejaba hurgar el culo con mis dedos.

Poco a poco fui aumentando la humillación al puto de mi novio, era tan rico apropiarse de la voluntad de este cabrón, que igual ha de haber sentido Hugo al humillarme; me puse tan caliente que me senté en su verga, Mario mismo me pidió que le pegara en la cara, que rico era torcerle el hocico una y otra vez, porque era cierto, con cada chingadazo, sentía que le crecía la pija dentro de mi panocha, cosa que me hizo tener un orgasmo muy rico; luego le dije que pusiera mis piernas en su hombros y me diera verga, yo aproveché para morderle sus tetillas, nalguearlo hasta dejárselas rojas y cuando le metí dos dedos en el culo, se vino quejándose muy rico mientras yo tenía un nuevo orgasmo, descansamos un rato hasta que me quedé dormida, pero las ganas de orinar me despertaron, le dije a Mario que aquí venía su prueba de fuego, me senté en su boca y lo empecé a mear, él trató de quitarse, pero lo inmovilicé, agarrándolo del pelo y se tragó toda mi lluvia dorada.

Él me dijo que también tenía ganas de orinar, jalé un vaso y le ordené que meara adentro, el pobrecito idiota, pensó que yo me iba a tragar sus meados; cuando terminó de orinar, le dije que se tomara sus meados, eso mismo me hacía hacer a mí el hijo de la chingada de Hugo, como Mario no se atrevía a tomarse sus propios meados, lo agarré de los huevos y le dije que si no lo hacía se los iba a apretar tanto hasta que me suplicara que lo soltara, al nomás apretar un poquito, se los tomó como si fuera cerveza, yo me burlé de él al ver su cara de asco, luego nos fuimos a bañar, pero me dieron ganas de cagar, Mario me miraba mientras se secaba, cuando terminé, jalé papel, pero Mario me paró y me limpió el culo con su lengua, ahí supe que era mío, que sería mi mascota, mi perro, mi objeto. Yo seguía cogiendo con otros, pero no le decía nada a Mario porque aún me divertía sometiéndolo.

Para lo que sí salió bueno, el cabrón, era para estudiar, porque como cogedor, yo lo reprobaba; se graduó con honores como auditor, empezó a buscar trabajo y como cosa extraña, lejos de que le costara conseguirlo, tenía tres ofertas, la primera era muy buena, pero tenía que viajar a Suramérica, así que la rechazó por mí, yo le dije que aceptara, pero se negó; la segunda le ofrecieron un sueldo que no le convenía; pero la tercera le ofrecieron un sueldo generoso y aceptó, con su primer sueldo enganchó una casa, ya se imaginaran el sueldazo que se cargaba, al tiempo se compró un carro Mercedes Benz, último modelo, pero lo mejor de todo es que me regaló una tarjeta de crédito sin uso limitado, a pesar de tenerlo bajo mis pies, nunca quise abusar de la tarjeta, de él siempre, pero sabía que Mario no es el hombre con el que quería tener hijos; como él veía que gastaba poco, empezó a hacerme regalos que iban desde un collar de diamantes, un carro y un apartamento pequeño, pero como era para mi sola, era suficiente.

Mario quería casarse conmigo, como le dije que no, me dijo que viviéramos juntos, seguramente me hubiera dado una buena vida, pero me hubiera perdido todas las vergas que deseaba, así que se conformó con seguir siendo mi esclavo. Contraté una sirvienta, Olga, cuando la vi con uniforme le dije que se lo quitara, que se vistiera con su ropa normal, su ropa era más fina que la que yo usaba antes; lo cabrón de tener a Olga viviendo conmigo, es que se daba cuenta de todo, incluso cuando meaba a Mario, una vez que Olga fue a ver a su mamá, no nos dimos cuenta de la hora y nos encontró cogiendo, se quedó paralizada viéndonos y le tuve que pegar un grito para que se fuera, al día siguiente trato de disculparse conmigo, le dije que no importaba, a no ser que quisiera hablar del tema, ella afirmó con la cabeza, -Pregúntame todo lo que quieras saber- Lo primero, doña Sam, es: ¿A don Mario le gusta que lo traten mal? -Le encanta que yo lo trate mal- ¿Y a usted le gusta? -Tuve un amante que me volvió su puta sumisa, pero me dejó por otra, Mario luego se hizo mi novio y empecé a tratarlo como me trataron a mí- Yo nunca he tenido un novio que me haga las cosas que usted le hace a don Mario y mucho menos hacerlas yo. -Pero te gusta, la otra vez te vi por el espejo del baño viéndome como meaba en la boca de Mario- ¡Ay, doña Sam, que pena! -Sé que te gustó porque vi como metías tu mano dentro de tu calzón- ¡Que vergüenza, doña Sam! Pero no lo puedo negar, me encantó verla tan hembra dominando a su hombre. -¿Te gustaría hacer lo mismo?- Pero si yo ni novio tengo. -Pero no me contestaste- Solo de pensarlo me pongo nerviosa, pero para serle sincera, me gustaría probar. -Hecho, pronto te daré una sorpresa-

Una noche le dije a Olga que se sentara conmigo a cenar, ella me dijo que como era temprano aún no había hecho la cena, le dije que hoy la iba a hacer Mario, llegó puntual como siempre, al vernos sentadas a la mesa se sorprendió, le dije que Olga ya sabía que era mi esclavo, se quedó callado, le ordené que nos hiciera la cena, se quitó su saco y se puso el delantal, pero le dije que se desnudara y que luego se pusiera el delantal, lo dudó, pero no tuvo más remedio que hacerlo, Olga no sabía a donde ver, -Olga, quiero que lo mires desnudo- Me da pena con don Mario. -Hoy no se llama Mario, le llamaremos: Olga ¿Estás de acuerdo, putito?- Lo que usted ordene, mi ama. -Y no solo eso, hoy las dos seremos tus dueñas, así que tienes que hacer lo que las dos te pidamos- Como digan las señoras. -Dale su primera orden, Olga- ¿Me habla a mí, ama, o a la verdadera, Olga? -A ella, idiota, tú no le das órdenes a nadie- Ustedes disculpen. -Dale su primera orden, mamita- Quiero que se quite el delantal y nos enseñe su cosa, si a usted no le molesta, doña Sam. -Ya oíste, tarado, enséñale la verga, que yo la conozco de sobra- Mario se veía ridículo quitándose el delantal, tenía las nalgas planas y cuando se dio la vuelta, tenía la verga dormida.

-Dale una bofetada, mamita, solo así se le para la verga- ¡Ay, señora! Yo no me atrevo a faltarle el respeto a don Mario. -En primer lugar, no es don Mario, es una perra que se llama “Olga” y debes tratarlo como la putita que es- Perdón don Ma… digo, discúlpeme “Olga”. -No le pidas disculpas, solo agárralo a madrazos y vas a ver como se le para la verga- Olga le dio una bofetada, pero muy suavecita, le dije que así no, le pegué varias bofetadas hasta que se le paró el chile. -¿Así lo querías ver, mamita?- Sí, doña Sam, pero me da pena con usted, ¿No le dan celos? -A nosotras las amas, no nos dan celos, hoy “Olga” es nuestra perra y puedes hacer con ella lo que quieras, le puedes mamar la verga o que te coja, si tú quieres, mamita, y te prohíbo que vuelvas a pedir disculpas o me digas que algo te da pena- Huy, que grande tiene su cosa. -Dile verga y para nada es grande, yo me he comido vergas mucho más macisas, ¿se la quieres tocar o mamársela?- No, mejor que nos haga la cena.

Mario nos sirvió la cena y cuando se iba a sentar con nosotras, le dije que las perras no comen con sus amos. -Olga, mámame la panocha mientras ceno- Ay, señora, yo nunca he hecho eso, a mí me gustan los hombres. -No te hablaba a ti, mamita, pero sería un buen momento para empezar- No sé si me atreva, doña Sam. -No importa, desnudemos, para que nuestra perra nos mame las cucas mientras cenamos. Olga se puso colorada y empezó a desvestirse. -Que buenas nalgas tienes, mamita- Gracias, señora, pero su cuerpecito me encanta, tiene sus pechitos tan bonitos, y su trasero se ve muy hermoso, es tan joven y tan bella que… -Sí te darían ganas de chuparme la raja- No sé, es que nunca lo he hecho. -Pídele a la perra que te chupe la panocha, quiero oírte- “Olga”, quiero que me chupe la vagina, mientras cenamos. Perra, métete bajo la mesa y chúpale la cuca a tu otra ama. Mario lo hizo y Olga se puso tensa. -Relájate, mamita, disfrútalo, ¿te está gustando?- Me encanta, lo hace muy rico. -Son meses de entrenamiento y ahora terminemos de cenar y luego quiero saber que más cosas le vas a ordenar.

Olga tenía los ojos en blanco disfrutando la mamada de Mario, de repente pegó un gritito y supe que había tenido un orgasmo, yo me moría de ganas de que la perra también me mamara, pero esta noche estaba disfrutando de humillar a mi novio y sin saberlo, mi sirvienta también era mi perra, hacía todo lo que le pedía. -Mamita, dale otra orden y mientras más puerca seas, mejor- Me gustaría que me chupara el culito. -Pero no me lo digas a mí, ordénaselo a la perra- Olga, chúpame el culito. -Vamos a la sala, te pones en cuatro porque quiero ver como te mete la lengua en ese culo tan delicioso que tienes- Ella hizo lo que le pedí, Mario se hincó a la altura de su culo, yo le abrí las nalgas y la perra le metió la lengua en su hoyo trasero. -¿Te gusta como te lame el culo, mamita?- Me encanta, señora, nuestra perrita es una gran chupadora, ay, “Olga”, que rico, métame un dedito… así, ay… más adentro… huy, que rico… me gusta como lo hace… así, perrita… chúpeme el clítoris… así… así… más… que rico… me voy a venir… me vengo… que riiiico. -Eso mamita, ya vas entendiendo lo que es ser una ama, ¿alguna vez te vieron siendo mamada por el culo?- Nunca, doña Sam, al principio me dio vergüenza, pero como vi que nuestra perrita estaba dispuesta a obedecer cualquier cosa que le pidamos, pues fui agarrando confianza. -Me calentó verte teniendo dos orgasmos, pero ahora me toca a mí- Me abrí de piernas sobre el sofá y le ordené a nuestra perrita que me mamara la panocha.

La perrita se hincó para cumplir la orden que le había dado. -Acércate, mamita, quiero que disfrutes ver como me chupa la cuca, vas a ver que te vas a volver a calentar, así como yo vi cuando te chupaba el culo, ábreme las piernas y mira como la perrita me va a arrancar un orgasmo- Estaba fascinada sabiendo que los dos me hacían caso, la perrita empezó su mamada y Olga miraba muy de cerca, tan cerca que sentía su aliento en mi panocha, estaba segura que en algún momento me la iba a chupar ella también, pero no quería forzarla. -¿Quieres mamarle la verga a la perrita?- Me moría de ganas por hacerlo, pero que bueno que usted me autorizó. -No necesitas mi aprobación, la perrita también es tuya y puedes ordenarle lo que se te antoje- Mientras yo pegaba de gritos con la mamada de mi perrita, Olga le mamaba la verga, se notaba que estaba ganosa porque la muy puta le hizo garganta profunda, Mario me dejaba de mamar por lo que Olga lo estaba haciendo sentir, tuve que darle varias bofetadas para que me siguiera chupando la concha. -Métele un dedo dentro del culo, mamita, eso le encanta a la putita. Mario ahogó un gritito cuando Olga le perforó el culo. -Así, perra, chúpame la pucha como te enseñé, ¿te está gustando como te abren el culo, putita? Sí, mi ama, todo lo que usted me ordena, me gusta, pero si ella sigue así me voy a venir en su boca. Ni lo sueñes, perra, nadie te ha ordenado que te vengas, antes tienes que cogerte a tu otra dueña, bueno, si ella quiere- Lo deseo mucho, doña Sam, hace mucho que no tengo novio y necesito que me cojan. -Ordénaselo, seguramente la perrita también te lleva ganas, con ese culo hasta a mi me dan ganas de chupártelo-

Las dos nos pusimos en cuatro y le ordené a la perrita que mientras se cogía a mi otra perrita, me chupara el culo, No sé como lo hizo porque tenía el cuerpo todo torcido cuando le metió la verga a mi sirvienta y me chupaba el culo al mismo tiempo, estábamos tan cerca la una de la otra que puse una mano en sus nalgotas, ella me miró con susto. -¿Te molesta?- No, doña Sam, lo que pasa es que ninguna mujer me había tocado las nalgas. -¿Y esto te molesta?- Y le manoseé las tetas. -No sé, señora, pero siento tan rico como me coge nuestra perrita, que usted hágame lo que quiera- Entonces le chupé los pezones, ella me agarró de la cabeza para que no me desprendiera de sus tetas, yo aproveché su disposición, me mojé un dedo y se lo metí entre el culo, ella no aguantó más y me besó la boca, era tanta su calentura que se vino diciendo: que rico, yo me froté el clítoris y también me vine delicioso. -Perrita, quiero que se venga en mi boca, hace mucho que no tomo semen- Mario la puso de rodillas y le vació la leche en la boca, ella me enseñó la acabada y luego se la tragó. -Doña Sam, ¿Puedo hacerle a la perrita lo mismo que usted le hizo cuando los vi por el espejo?- Nos fuimos al baño, encendí la ducha y le ordené a la perrita que se acostara en los azulejos, le dije a mi sirvienta que se sentara en su boca y lo meara, cuando oí y vi que salían sus primeros chorros, yo me mie en mi sirvienta y ella solo cerró los ojos y abrió la boca, nunca me imaginé que Olga resultara tan puta.