Así empezó mi relación con la mujer más fogosa que conocí en mi vida

Conocí a Lina casi de casualidad, empezamos a escribirnos, al principio como siempre que conoces a alguien estábamos como muy fríos y sin nada en común, pero en pocos días surgió una complicidad y una atracción que me hacía estar todo el día pendiente del teléfono, esperando sus respuestas, y deseando oír sonar el clásico sonido de WhatsApp que hacía me dieran ganas de abrir corriendo los mensajes para seguir sabiendo de ella. Habíamos pasado en un plazo tan corto de tiempo de ser desconocidos a tener un feeling de humor e incluso sobre temas íntimos que si no me hubiera pasado a mí mismo no me lo creería.

Lina, resumiendo, es una mujer espectacular, tiene una sonrisa dulce y una cara de niña buena, con sólo 26 añitos, que aún da ese morbo parecer inocente, acrecentado por su dulzura y su acento latino. No era una modelo de pasarela de estas que parecen un palo y que no tienen curvas, como ella misma se definiría no es pequeña sino grande, pero la realidad es que es una mujer normal, pero con un gran sex-appeal. En épocas de calor, cuando va con vestiditos de estos veraniegos no puedes evitar darte la vuelta al verla pasar, tanto por su generoso escote que lucía sus pechos que para nada son pequeños, y sus andares que solo imaginas remangar ese vestido y sin previo aviso ponerme a disfrutar de ese culo…

Nuestra amistad fue creciendo, por llamarla de alguna forma al comienzo, porque realmente éramos aún desconocidos, pero a la vez con esa sensación de conocernos y cumplimentarnos más de lo que parecía.

No me atrevía a dar ese paso de proponerle vernos, pensaba que ella podría tener a quien quisiera por su forma de ser y por su encanto.

Hasta que por fin ella un día dio el paso y me propuso que si me apetecía quedar un rato. A mí me encantó la idea y hubiera ido en ese mismo momento a por ella para tomarle la palabra para no darle la opción a replantearse la idea.

Finalmente pasaron los días, por trabajo no pudimos cuadrar los horarios antes, seguía ansioso esperando el momento de vernos.

Por fin llegó el día que quedamos para tomar café, pensaba que en directo me daría más vergüenza, que ella que también fuera muy tímida no ayudaba. Pero al final estuvimos muy a gusto, bromeando desde casi el primer, como si nos conociéramos de toda la vida.

No pudimos estar todo el tiempo que me hubiera gustado por lo horario de trabajo, al despedirnos fuimos a darnos dos besos y le pase la mano por la espalda para atraerla hacia mí, se la puse en la parte baja casi llegando al límite con su culo para ver cómo reaccionaba y si se dejaba hacer y estaba receptiva conmigo, no dijo nada, solo se acercó lentamente para darme un beso en cada mejilla, en ese momento aproveche que estaba tan cerca mía y que no se lo esperaba y acerque mis labios hasta casi rozar los suyos, me paré así delante de ella unos segundos mirándonos a los ojos y sin soltarla, solo esperaba que ella no aguantara la tentación y me besara, pero parece que su fuerza de voluntad y su timidez ganaron la partida y finalmente me subí al coche y me fui a trabajar sin haber conseguido sacarle un beso.

Al parecer ella se quedó con las mismas ganas que yo, pues nada más llegar al trabajo me sonó el teléfono y supuse que sería ella, o eso deseaba. Como Lina tenía el día libre le propuse que al salir del trabajo si quería que nos viéramos otra vez, y acepto.

Así hicimos, nada más salir de trabajar fui a por ella. La llevé a una zona cercana a unos 15 minutos en coche, que era más tranquila, con idea de dar una vuelva por el paseo marítimo.

La hice bajar a la arena de la playa y sentarnos allí tranquilos a hablar otro rato, me decía que estaba loco que tenía que haberle avisado para no venir con vestido, y encima corto. Renegaba un poco porque al sentarse en la arena se le iba a manchar el vestido o se iba a poner pérdida y yo bromeaba diciéndole que se lo quitara.

Después de un rato allí, Lina empezó a quejarse de que tenía algo de frío, a lo que yo le respondía que si la calentaba…

Ella solo reía y me sugirió irnos, aunque fuera al coche, mientras íbamos al coche me coloqué detrás de ella para no perder detalle mientras se levantaba de la arena y se sacudía el culo, solo pensaba en cuando conseguiría que fuera mía…

Una vez dentro del coche, nos pusimos cómodos, como ninguno de los dos parecíamos tener ganas de irnos nos quedamos hablando. Cuando Lina miraba para otro lado, ese preciso instante para acercarme a su oreja y susurrarle:

– Antes tú y yo dejamos algo a medias…

Sin darle tiempo a reaccionar ni a girar, empecé a besarle el cuello, ella precio no poner resistencia dejarse llevar. Le pasé una mano por detrás de la cabeza para acariciarle y sujetar su pelo, mientras seguía mordiéndole suavemente su oreja. Ella por fin se giró hacia mí con intención de besarme, pero yo la sujete del pelo y no la dejé, solo rozaba sus labios con los míos sin dejar que me besara.

Con lo tímida que era Lina, yo sabía que ella nunca llevaría la iniciativa, así que buscara mis labios me sorprendió y no dejarla besarme supuse que le daría vergüenza te pondría más tensa. En ese momento, mientras aún seguíamos con la tensión de nuestros labios rozándose, empecé con la otra mano sus muslos por debajo del vestido.

Empecé a besarle la mejilla muy cerca de sus labios pero sin tocarlos, en dirección a volver a buscar su cuello para seguir rozándolo con mis labios, con la misma intención de lo que le había hecho segundos antes en su boca, solo rozarle, intentar que se le pusieran los pelos de punta de sentir el roce y que nunca llegaban los besos ni el contacto más directo, solo quería que el tiempo se le hiciera interminable y que cada vez deseara más empezar a sentirme.

Mientras tanto seguía con mi mano tocándole el interior de sus muslos cada vez más cerca de sus braguitas, solo acariciando por encima un poquito, mientras seguía jugando por su cuello y oreja y me pareció que empezaba a arquear su cuerpo y se le escapaba un leve gemido como deseosa de que no fuera tan despacio y pasará al siguiente nivel.

Dejé de acariciarle su entrepierna por un momento para bajar la mano y echar el asiento hacia atrás y reclinarlo, para tener más espacio y estar más cómodos, cuando acabe esta maniobra me pasé por encima hasta su asiento y me tumbe encima de ella para rozar su entrepierna con la mía. Mientras me rozaba contra ella para que notará que mientras intentaba calentarla yo también me estaba poniendo y mi pantalón estaba a punto de explotar. Quería alargar esto lo máximo posible, sabía que si me desabrochaba el pantalón y dejaba libre mi calentura más temprano que tarde iba a intentar metérsela y no quería eso, quería hacerla disfrutar y sufrir a la vez, y que tuviera que acabar suplicándome si quería sentirla dentro. Por otro lado, estaba deseando besar y disfrutar esos pechos grandes que antes solo podía intuir debajo de su escote, empecé a bajar mi boca y besarle e intentar mordisquearle el pezón con suavidad, pero a la vez tirando un poquito de ellos.

Tuve que parar de rozar mi cuerpo contra el suyo porque corría el riesgo de ponerme más de la cuenta… y me separé de ella decidiendo que era buen momento para bajar mi cabeza entre sus piernas. Empecé a besar y rozar mi boca contra sus braguitas un rato, cuando noté que estaba bastante mojada, me desabroché el pantalón, y subí otra vez para ponerme a su altura, aparte las a un lado las bragas sin ni siquiera quitarlas, y le metí un poquito la puntita, y solo la puntita, así empecé a meterla a un ritmo muy muy lento. Quería que fuera teniendo cada vez más ganas de sentirme y que acabara pidiéndome ella las cosas. Mientras seguía metiendo y sacando la puntita la notaba cada vez más húmeda y caliente.

Volví a parar en seco, y bajar entre sus piernas, no quería correrme tan pronto y si seguía con ese jueguecito de meterle y sacarle la puntita acabaría haciéndolo…

Esta vez sí empecé a pasar mi lengua con sus braguitas apartadas, incluso dándole pequeños mordiscos para que notará una mezcla de placer y dolor suave, a la vez aproveche sus flujos para introducir un par de dedos dentro de ella, y no hasta el fondo sino en la misma entrada a mover los dedos buscando su punto más sensible mientras con la lengua aceleraba el ritmo. Solo deseaba verla descontrolarse y notarla correrse y no apartar mi boca en ningún momento.

De pronto noté como Lina volvía a arquearse ligeramente, levantando su cuerpo hacia mí, supuse que estaba a punto de correrse, volví a parar en seco y sacar los dedos, me incorporé encima de ella. Se quedó mirándome con una cara mezcla de placer y de ganas de matarme por dejarla a medias. Volví a ponérsela en la entrada y le susurré al oído:

– ¿Qué quieres te haga?

Ella no hablaba, no sé si por timidez o porque espera que aún sin responderme yo no resistiera la tentación y acabara haciéndolo sin que me lo pidiera, pero yo insistí y volví a meterle solo la puntita quedándome así parado unos segundos que se hicieron eternos

– Si no me pides que te la meta la vuelvo a sacar…

Mientras le decía esto, volví a mi juego anterior y metí y saqué varias veces muy despacito la puntita hasta que por fin me dijo:

– Meterla ya entera, que me vas a matar… follame ya que no aguanto más.

En ese momento fue el detonante para de una embestida metérsela de golpe seco hasta el fondo y dejarla así dentro, le metí las manos por debajo del culo para agarrarla bien y poder dar más fuerza a las embestidas que pensaba darle, ya se había acabado el ritmo lento y pausado, para dar paso a un ritmo salvaje, aunque no sabía cuánto tiempo aguantaría así… Pero para asegurarme no acabar antes que ella le dije:

– Solo te dejo que me beses cuando vayas a correrte…

Para mí era la primera vez que me follaba a una chica sin besarla ni una sola vez antes, imaginaba que para ella también sería raro haberse tirado a alguien sin darle ni un beso.

Entre el ritmo, la calentura anterior y lo que me ponía oír como se le escapaban algunos gemidos supe que no tardaría en correrme.

-¿Quieres que pare? – le dije

– Ni se te ocurra o te mato – me contesto muy rápida

Y en ese momento empezó a besarme, esta vez sí la dejé, pues sabía lo que suponía, que estaba a punto de acabar otra vez, no sabía si fruto del ritmo con el que seguía embistiéndole o por todo lo que le decía. Pero nos besamos, le mordí el labio inferior, y su lengua, sus besos fueron increíbles, supongo que por el momento de placer en el que nos lo dimos y por las ganas contenidas. No podía aguantar más y noté que iba a tener uno de las corridas más intentas que recuerdo.

– Córrete conmigo – le dije

Ella ni contestó, solo volvió a besarme y a apretar sus piernas contra mi.

Pasamos unos segundos así abrazados, yo con mi cabeza en sus increíbles pechos, tratando de recuperar el aliento. Cuando pude recuperar algo de fuerza me quite de encima suya, y le baje las braguitas sin decir nada.

– ¿Ahora me las vas a quitar? Eso tenías que haberlo hecho antes.

– Son mi recuerdo, te quedas sin ellas.

Me miró como pensando que no hablaba en serio. Pero cuando me vio volverme al asiento del conductor me volvió a decir que se las diera, que como iba a volver a su casa así, a lo que por supuesto me negué y además le dije que no iba a llevarla aún a casa. Que pensaba invitarla a una copa.

– Si hombre, estás loco como me vas a llevar sin bragas, ni de broma.

Pero esta vez fui yo el que no contesté, conduje hasta un pub que encontramos abierto y me bajé del coche.

– ¿Te vas a quedar toda la noche en el coche? – le pregunté

Salió del coche cerrando la puerta mientras refunfuñaba por lo bajo, antes de entrarme agarró del brazo

– Por favor no me hagas esto – suplicaba Lina

– Vamos tontita si esto está oscuro nadie se va a dar cuenta – le contesté.

Al final tomamos esa copa, y aún conservo sus bragas de recuerdo, no tenemos una relación formal pero ya hace más de 6 meses que nos vemos con frecuencia.

Lina también tiene algún otro amigo con derechos con los que queda

y yo lejos de enfadarme me da más morbo imaginármela con otros y que me cuente todos los detalles, pero sus aventuras son otra historia…