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SUPERANIMAL, lo mas fuerte para ti si eres capaz de verlo
Nos encontrabamos junto a uno de los meandros que el Amazonas descarga cerca de Manaos y no muy lejos de Ovidos, en Brasil, cuando aquella araņa me pico en el tobillo izquierdo. La araņea resulto ser una temida "Viuda Negra", por lo que rapidamente, la expedicion de la que formaba parte organizo un hospital de urgencia para atenderme lo mas comodo posible.
La enfermera, una ATS brasileira de piel morena y trasero en pompa, ademas de un bonito pecho que a escondidas habia podido admirar cuando se duchaba en los campamentos que organizabamos, vino solicita a atenderme, aunque no me quejaba, y suavemente me acomodo la mochila como almohada mientras me susurraba al oido que no me preocupara, que antes de que hiciera efecto el veneno que poco a poco me iria paralizando hasta axfisiarme, pasariamos un buen rato.
Me preocupe, claro, y la pregunte que cuando se empezaban a sentir los primeros sintomas. Me dijo que una hora mas o menos. Caray, en una hora yo podria disfrutar de la negrita y cortarme la pierna si hacia falta, la dije, al oido, que venga, que nos pusieramos en marcha.
Hizo salir a todos los que estaban en la tienda de campaña montada exclusivamente para ocuparse de mi (de la puta viuda negra no porque la parti en dos de un machetazo), con dedos maestros me desabrocho el cinturon y me bajo el pantalon hasta los tobillos. Me beso suavemente y me traspaso su olor a almizcle y centeno y su aliento a menta y cafe. Recuerdo que una gota de su sudor se mezclo con el mio. Mi mano izquierda se dejo guiar con vida propia hacia sus pechos turgentes, iniestos, desafiantes...senti una de sus manos tomar mi pene erecto. Comenzo en el glande, continuo hasta su base, abrio la mano, la palma de la mano y tomo mis testiculos, suavemente.
Comence a sentirme en la gloria, mas alla del cielo, mucho mas alla. De repente apreto mis testiculos con todas sus fuerzas causandome un dolor que no deseo a nadie, siguio apretando mientras con el otro brazo me apretaba el cuello lo que me impedia incorporarme, mientras Carlunho, el indio que nos guiaba, salia debajo de la cama y con un hierro candente me cauterizaba el picotazo de la araña.
Me desmaye, por el dolor de huevos, pues no senti el hierro ardiendo. Cuando desperte 6 horas mas tarde, vi, por que estaba humedo, que habia eyaculado.
Tres dias despues, una vez repuesto y que pude caminar levantamos el campamento para seguir camino, intente con Maireia (asi se llamaba) intimar un poco para ver si podiamos repetir, esta vez llevandolo a buen fin, la misma situacion. No me hacia caso alguno, me rehuia, me daba de lado.
Eso si, el Indio Carlunho me miraba con ojos muy cariñosos.
Joluba (Copyright)
La enfermera en un descuido
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